SEMANAS DESPUÉS Eleanor. Las horas en el palacio transcurren lentas, como si el tiempo hubiera perdido su prisa desde que Alaric partió. La espera se ha convertido en mi castigo, un tormento silencioso que se apodera de mi pecho cada vez que observo la ventana y veo el horizonte vacío. Escribí al rey hace semanas. Fue un acto de desesperación, una súplica silenciosa plasmada en tinta y papel. Quise ser completamente honesta sobre mis sentimientos, desnudar mi alma y confesar lo que tanto me negué a aceptar. Pero él no respondió. No ha escrito ni una sola vez. Quiero pensar que todo salió bien, que lo veré entrar por la gran puerta del palacio proclamando victoria, con su andar seguro y su mirada intensa clavada en la mía. Sin embargo, el miedo se enrosca en mis pensamientos como una se

