Alaric Su cuerpo se siente liviano en mis brazos. Demasiado. Como si apenas quedara fuerza en ella, como si estuviera deshaciéndose poco a poco, y por primera vez, el miedo se enreda en mi pecho. El calor de su piel apenas se percibe a través de las capas de tela, y su respiración es tan tenue que por un instante me preocupa que haya dejado de inhalar. Aprieto un poco más mi agarre y, sin detenerme, bajo la vista hacia su rostro. No hay rastro de conciencia en él. Sus pestañas descansan inmóviles sobre sus mejillas pálidas, y sus labios —ligeramente entreabiertos— no emiten sonido alguno. ¿Qué demonios le pasa? Un escalofrío me recorre la espalda, pero lo ignoro. Mi paso se vuelve más rápido, más decidido, mientras la llevo a mi habitación. Cuando llego, aparto las colchas con una s

