Eleanor Corro por los pasillos con las pocas fuerzas que me quedan. La respiración se me entrecorta y mis piernas amenazan con ceder en cualquier momento. Siento que el mundo entero gira a mi alrededor, cada paso es una lucha contra el mareo que se cierne sobre mí. —¿Majestad, está bien? —pregunta una de las criadas cuando me ve jadeante, recostada contra la fría pared de piedra. Su mirada refleja preocupación, pero su voz es temerosa, como si le asustara que una simple pregunta pudiera costarle la vida. Intento responder, pero las palabras se me quedan atrapadas en la garganta. Mi pecho sube y baja con dificultad, el aire me falta y mis dedos tiemblan. El zumbido en mis oídos crece, ahogando cualquier otro sonido a mi alrededor. El mareo regresa con más fuerza y la pared deja de ser

