Alaric Su cuerpo se revuelve en mi hombro como un animal salvaje, golpeando con fuerza y lanzando toda clase de insultos. Me sorprende la creatividad con la que los escupe, incluso para mí, que he escuchado de todo. —Una reina digna no debería expresarse de una manera tan grotesca —comento con tono seco, sin detenerme. —Pues un verdadero rey no debería tratar a su esposa como un saco de grano y cargarla en contra de su voluntad. —Si la mujer se comportara como una dama, tal vez —respondo con calma mientras subo las escaleras—. ¿No sabes que está prohibido que la reina deambule por los pasillos donde se encuentran los soldados? -En lo que a mí concierne, nadie tiene el derecho de prohibirme nada- suelta un gruñido furioso antes de soltar un puñetazo directo a mi espalda. Le doy una p

