SEMANAS DESPUÉS Eleanor Desde nuestra última discusión, el rey no ha vuelto a dirigirme la palabra. Mi única compañía han sido las doncellas, quienes, por fortuna, evitan cualquier pregunta sobre lo sucedido. No sé si es por respeto o porque temen mi reacción, pero lo agradezco. No quiero hablar de él. No quiero recordar el veneno en sus palabras, la frialdad con la que me redujo a un mero objeto de su voluntad. "Te preñaré y luego, cuando des a luz, mi heredero se quedará a mi lado y tú podrás regresar a tu reino." El desprecio en su tono aún resuena en mi cabeza, hirviendo en mi sangre como una herida abierta. ¿Qué clase de hombre puede ser tan cruel? ¿Tan vil como para tratar a su propio hijo como un simple trofeo? No permitiré que eso suceda. Un hijo no es una moneda de cambio. —

