—¿Se han ido? —pregunto alarmada.
No puede ser, esto no se hace.
—Relájate. — me sonríe Alan, es una sonrisa de lado que se le ve genial. —Yo te puedo llevar. —lo miro a los ojos. Alan a mí lado es muy alto e intimidante.
Tampoco que medir 1.63 no me hace intimidante ya que eso es depende del porte, pero ese es el chiste, que su porte es muy “Soy el puto dueño del mundo” y eso me llena de desconfianza.
—Yo... Yo no te conozco. —le digo con desconfianza mientras doy un paso atrás.
—Oh vamos, Bella. —ríe y me toma de la mano hasta la mesa.
—¿Qué? —pregunto—De verdad no te conozco, si hemos cruzado palabras tres veces creo que es mucho. —me suelto de su agarre.
Aunque por cuestión de desconfianza no quiero estar a solas con él, la verdad no me desagrada.
—Conozco a los chicos de toda la vida y sé que si estuvieses con otra persona te hubiesen llevado a la habitación donde van a estar. —me doy cuenta, se fueron a… —Pero saben que yo no dejaría a una chica tirada sola en una fiesta. Soy demasiado caballeroso—esto último lo dice en susurros arrugando su nariz.
—Me quiero ir. —digo finalmente caminando a la salida.
—Bien. —dice relajado. —Vámonos.
—Yo puedo tomar un taxi, gracias.
—No es necesario, de verdad no estamos muy lejos y te puedo llevar. —camina a mi lado rumbo al estacionamiento—no es seguro para ti que tomes un taxi sola a estas horas. —me dice bastante serio.
Tengo miedo de irme sola, estoy en un lugar desconocido, no me sé muy bien la dirección a mí residencia y es muy tarde.
—Está bien. — accedo. —Vamos. — me guía hasta la parte del estacionamiento, veo que saca unas llaves del bolsillo de su pantalón. Pero cuando llegamos a una motocicleta suelto una carcajada sin muchas ganas. —¿Tú crees que yo me voy a montar ahí con un vestido y en tacones?
—Es tu decisión, yo no te obligare y es el único método de transporte que tengo. —dice montándose y tomando un casco para colocárselo.
Suspiro mientras lo miro por unos minutos, veo a mi alrededor, tampoco es que tengo muchas opciones, además no es primera vez que me monto en uno de estos. Asiento montándome lo más cuidadosamente posible.
Él se quita la chaqueta negra que lo cubre, voltea levemente, me coloca la chaqueta en mis piernas y me coloca un casco de esos grandes que solo tienen una luna en frente para poder ver. Sus manos están un poco frías y el pequeño tacto que hay entre mi barbilla y sus dedos me pone un poco nerviosa.
Con razón a mi hermano mellizo Ben le gusta tanto manejar motocicletas, es muy liberador. Me relajo un poco y reposo mi cabeza en la espalda de Alan, lo tomo con fuerza, cierro los ojos y dejo que maneje en la soledad de la ciudad, raramente estar así de cerca del chico no me incomoda.
Todo está en silencio, lo único que se escucha en las calles es el motor de la motocicleta.
—Llegamos. —dice Alan bajando la velocidad y entrando a la residencia. Pero entonces recuerdo algo.
—Nunca te dije donde vivo. —me bajo para entregarle el casco y la chaqueta.
—Pero Aria sí me dijo dónde vives. —este se sostiene de un pie para equilibrarse junto con la moto y colocarse la chaqueta. Lo miro con mis cejas arrugadas. —Bella, siempre pasa eso, se van de fiestas con sus chicas y terminan en algún departamento teniendo sexo, es normal. —dice tan tranquilo, normal, como si de verdad eso fuese el pasatiempo de cada fin de semana—De hecho —me mira sonriendo. —me sorprende la capacidad que tienes de aguante, has tomado prácticamente una botella tu sola y te ves como si nada.
—Tengo práctica. —le contesto caminando hasta la puerta del edificio
—¿Qué tanto daño te han hecho? — al escuchar la pregunta me paro en seco.
Muchos recuerdos vienen a mí, noches de llantos, horas de incertidumbre, días de no valorarme, meses de engaños, años de malos momentos.
Me giro y está en la misma posición.
—Ninguna, yo nunca he conocido el dolor—le doy una pequeña sonrisa—soy una niña consentida que siempre le han dado todo en la vida, créeme que nunca he tenido que pasar por nada malo —miento y subo a mi departamento.
Ese chico tiene algo que me llama mucho la atención, pero peor aún me pone nerviosa.
Reviso mi celular, reviso mis r************* , son las 1 de la mañana, veo mi i********: y tengo un mensaje, suspirando lo abro.
Matías López.
"Yo te amo Bella, y voy a luchar para que me perdones."
Lo dejo así. "Nunca he conocido el dolor” rio sarcástica para mí, ¿Y las cosas que él me ha hecho pasar? De verdad ya estoy tan agotada.
Me quito los tacones, me recojo el cabello y me lavo la cara, estoy a punto de desvestirme cuando mi puerta suena, camino hasta ella extrañada, es de madrugada.
—¿Quién es? —pregunto. No hay respuesta—Si no me dice quién es no abriré. —un momento de silencio.
—Soy Alan. —Responde este al otro lado. Tomo la manilla, pero no abro, me quedo un momento ahí parada. ¿Qué hace él aquí? Abro.
—Dime. —digo con total normalidad.
Se queda frente a mí, sin decir nada, simplemente mirándome con los brazos cruzados y esa actitud del puto dueño del universo. Es un chico muy atractivo, es fornido y tiene un rostro muy bonito, le hago un gesto con la mano para que hable, pero no hace nada, solo me da una pequeña sonrisa que parecía más de ironía, se da la vuelta y se va.
**********
Estoy algo desorientada y un poco dormida cuando tomo mi celular y contesto sin ni siquiera ver quién es.
—Hola. —digo en español sin querer.
—¿Qué? —me habla América del otro lado de la línea. —abre Bella estoy afuera con Aria.
—Dejen de joder. —me estiro.
—Deja de decir palabras extrañas, abre por favor.
—Ya voy. —cuelgo y voy descalza a la puerta de entrada. Las chicas entran, las dos huelen a limpio y perfume, se sienta en mis muebles, Aria está tan relajada, pero América, ella está...
—Nerviosa, me siento patética—dice sin más—Soy una tonta. — se tapa la cara con sus dos manos.
—¿Qué pasó? —pregunto caminando al baño que está en el pasillo dejando la puerta abierta para escucharlas.
—Me acosté con Thiago anoche. —habla la rubia en tono de lamento.
—¿Y qué tiene de malo? —pregunto con el cepillo dental en mi boca.
—Fue su primera vez. —habla Aria. Yo abro mucho mis ojos y camino rápido hasta la sala, sin quita el cepillo de mi boca, la miro. —La tonta era virgen—me mira Aria.
—Soy una tonta, le di mi virginidad a Thiago la primera noche que salimos y me trató bonito.
—Pero...—vuelvo al baño y me lavo rápido la boca—¿Te hizo daño? —pregunto caminando hasta ellas nuevamente.
—No, eso es lo peor. —La miro extrañada, miro a Aria quien encoge los hombros.
—¿Qué tiene de malo? —pregunto sentándome en el sillón del frente.
—¿Qué va a pensar Thiago de mí? —dice alzando sus brazos. —Se lo di en la primera cita—Aria y yo nos miramos y carcajeamos. —¿Qué es tan gracioso?
—América, Thiago te conoce desde hace muchísimo tiempo—habla Aria. — él no pensaría eso, sabe qué tipo de mujer eres, y por mucho que saliéramos a fiestas tú siempre eras la más sana. Además ¿Qué tiene que pensar de qué? Tú puedes disfrutar de tu sexualidad y eso no te quita o agrega valor como mujer.
Las palabras de Aria por un momento me pegan, y es que su seguridad consigo misma y sus comentarios directos me agradan bastante.
—Además seguramente se dio cuenta anoche, tienes veintitrés y eras virgen.
—Las amo chicas. — las tres reímos.
—Además. —me levanto y camino hasta la cocina. De aquí se puede ver hasta donde ellas están sentadas.—Me dejaron anoche sola con Alan.—Las miro y estas ríen.—¿Creen que se me iba a olvidar? ¡Eso no se hace chicas! No se le deja a una amiga botada con un hombre en una fiesta.
—Tranquila, Alan es de nuestra entera confianza, es un puto, pero respetuoso ¿Cómo te fue? —pregunta Aria.
Me hace sonreír un poco su comentario ¿Un puto respetuoso?
—Estaban muy pegaditos anoche—dice la rubia sonriendo.
—Normal. Me trajo a casa y ya.—evito hablar de lo que hizo luego.
—Sabíamos que él no te iba a dejar sola—Dice Aria caminando hasta la cocina. —Yo le pedí el favor que no lo hiciera, y él nos cuida mucho a nosotras así que supe que también lo haría contigo.
—Sí, lo supe—la miro—solo para irte con Brian.
—Vamos, Bella, una oportunidad para estar con él no la desperdicio. —Las tres reímos. —Vamos a tener una noche de películas.
—Por favor no me vayan a dejar nuevamente sola.
—Tranquila va a ser en nuestro ambiente, no necesitaras un aventón. Tenemos que aprovechar que hoy la señora que cuida la residencia no estará ya que es su día libre y nos dejan sin mucha supervisión—América se queda en silencio un rato, luego habla un poco bajo. —Bella.—me dice.
—Dime—caminamos hasta la sala con una taza de café que acabo de preparar. —si quieren café sírvanse ustedes misma.
Por un momento esas palabras me hacen sentir extraña, esto significa que ya les estoy dando confianza en mi pequeño espacio, eso no está bien.
—No sabemos nada de ti—dice sin más. —O sea ya tenemos rato juntándonos contigo y apenas y sabemos tu primer nombre.
—Yo...—siento un poco de nervios al hablar de esto con ellas, suspiro.
—¿Por qué te has venido ya casi terminando la carrera? —pregunta esta vez Aria.
—Anoche te vimos con tu teléfono, y la cara que tenías no era bonita. —dice la rubia.
—Sin contar que te tomaste tres tragos seguidos sin pestañear, y créeme que eso solo lo hace una mujer con el corazón roto—Aria se sienta a mi lado. —Eres la única chica que nos ha caído tan bien como para acercarnos a ti y que el grupo acepta sin ningún problema a pesar de siempre ser nosotros cinco hace muchos años. —Coloca una mano en mi hombro.
—Y anoche te vimos tan...—América está tratando de encontrar la palabra mientras se sienta a mi otro lado—Descompuesta, te queremos ayudar, pero si no nos dices que sucede no podremos hacerlo—Las miro. Aun no quiero contarles nada, siento que no tengo mucha confianza, pero ellas ya me consideran parte de su grupo y eso de verdad lo valoro.
Contarles un poco de la historia que todos saben no es mentirles.
—Yo me vine escapando. —hablo en susurros. Ellas me miran. —Mi novio me engañó con la que creí que era mi mejor amiga de toda la vida, pero eso solo fue la gota que derramó el vaso, porque ya venían sucediendo acontecimientos que creí que lo soportaba solo porqué le amaba, pero luego me di cuenta que yo era la que no me valoraba. Necesitaba irme, escapar y retomar una vida lejos de todo. Necesito encontrar lo que perdí hace años. —me abrazan y siento un apretón en mi pecho, con nadie he tocado este tema, ni con mis hermanas, se escapan unas lágrimas de mis ojos.
—Lo siento. —me dice Aria.
—Anoche me ha escrito—suspiro—me ha dicho que me quiere explicar todo. —Las miro.—Pero él no sabe que me he ido del país.
—Entonces el chico que te llamó hace unos días no es tu novio—dice américa.
—¿Qué? —recuerdo la llamada de Ben—No, —les sonrío—Es mi hermano mellizo.
—Eres más interesante de lo que pensamos. —las tres reímos.