Lilah ¿Por qué? Eso era lo que me venía preguntando desde que los Lambert y los Hoffmann habían abordado el avión hacía más de tres horas. No quería nada más que disolverme en la alfombra carísima bajo mis pies. No era que los chicos me miraran como si supieran que había pasado la noche con Darian y la vergüenza me estuviera consumiendo. No había nada de eso. Era tener a Darian tan cerca durante todo este tramo del viaje. Todo lo que podía oler era su aroma. Todo lo que podía sentir era el roce de sus manos. Todo lo que podía ver era su mirada. Y todo eso… era demasiado. Había un pequeño consuelo en saber que, una vez que salió de mi habitación, no volvió. No me sorprendió a la noche siguiente con un golpe en la puerta y tampoco me lo crucé en el hotel. Por lo que me había dicho —qu

