Patricio llegó a la oficina de Cristian poco antes de las dos y media. ―¿Están listos? ―consultó de inmediato. ―Sí, ¿no sabes para que nos quiere? ―inquirió Max algo molesto. ―No tengo idea, quizá sea por el camión, por su período de prueba que ya está terminando, no sé. ―No te dijo nada a ti, ni un adelanto. ―No, ni siquiera me llamó. Mira. Le enseñó en su móvil un escueto mensaje: “Te espero a las tres con Cristian y Max”. ―No hay más, no tengo idea, cuando lleguemos allá, nos dirán, ¿no? ―Es lo que le he dicho toda la mañana ―intervino Cristian que se había mantenido callado―. No sacamos nada con especular, incluso, no sacaríamos nada con que tú nos dijeras para qué nos cita, si igual tenemos que ir, igual tendremos que enfrentarlo. Será mejor ir y salir de dudas allá.

