—Silencio—, dijo la mujer —Si corres ellos te verán, es mejor que continúes por detrás de las plantas, al llegar cerca del coche yo los distraeré— le susurró la asistente de Jacinto. El corazón de Ellyün golpeaba con fuerzas, ella se había llevado un gran susto, por un momento pensó que era una de las empleadas o la misma Seraf. En ningún momento pensó que era Ekrem, pues la mano era muy delgada y sobre todo suave. Ninguna empleada tendría la mano así de suaves y aunque las de Kerem eran suaves, se podía sentir la diferencia. —¿Quién… quien es usted? —Soy Selma, la asistente del señor Stephens, el hombre que te sacará de aquí—, ¿Stephens? El apellido le dio vueltas en la cabeza hasta que logró dar de dónde lo había escuchado. Una sonrisa se le dibujó al darse cuenta que era el padre de

