Solange voltea hacia su dirección, a punto de estallar. —Joseca me quiere a mí —declara con convicción. —Sí, claro —dice Somali, como burlándose. Será mejor que las mantenga lejos. Llevo a Solange a la oficina de Mauricio y cierro la puerta. —¿Porqué me traes aquí? ¿Tienes miedo de lo que esa mujer me diga? —No, no tengo miedo. Simplemente no quiero que te dejes provocar. —¿No te parece demasiada casualidad que te haya enviado ese mensaje y luego se presente aquí? —reclama. —No creo que sea una casualidad, pero tampoco tengo nada que ver en esto. Vino por su cuenta, no la he citado —me exaspero. —¡¿Entonces qué demonios hace aquí?! —¡No lo sé, Solange! ¡No lo sé! ¡Y no tengo la culpa de lo que está sucediendo! Permanecemos callados, dándonos cuenta de que estamos discutiendo más

