Son las seis de la mañana cuando el celular comienza a sonar sobre la mesita de luz. No es la alarma, sino el tono de llamada. En cuanto percibo el sonido, lo busco con la mano e intento alcanzarlo. Sin abrir los ojos y sin mirar el contacto, contesto. —Hola... —Joseca, ¿aún estás durmiendo? —es la voz de Solange. —Mm... —no pude pegar los párpados en casi toda la noche por pensar en la propuesta de Somali. —Entonces fue bueno que te marcara. ¿Me recogerías para ir a la universidad? Tengo algo importante que pedirte —expresa. —¿De qué se trata? —pregunto mientras bostezo. —Te lo diré en el camino. —Está bien... de acuerdo —accedo, para luego cortar. Me acomodo de vuelta en la cama y sigo durmiendo, hasta que la alarma empieza a sonar. Me levanto y me preparo para luego salir de l

