Chaucel entra por la puerta con otro guardia. Sus ojos verdes se abren de par en par al ver mis alas y una sonrisa se dibuja en su rostro. —Ah. Ahí está en todo su esplendor. La traidora que atacó al príncipe—. Hago acopio de un coraje y una mala leche que en realidad no siento pero que quiero mostrar, porque lo último que quiero es parecer débil. De algún modo, consigo poner los ojos en blanco. —No seas tan dramático. Le ataqué con amor—. Bueno, Flechas de Amor. Unas cincuenta, tal vez cien, o fueron doscientos, que más da. No es que hubieran sido fatales. No lo creo. —¿Quién te envía?— pregunta Chaucel. —Tu madre—. Mira al guardia que está a su lado. —Ayúdala a ser más cooperativa, ¿verdad Gammon?— Ah, sí. Es el guardia imbécil que golpeó a mis chicos. Y por la forma en que está ac

