CONOCIENDO A LOS BAEVA
Mansión Baeva (Múrmansk, Rusia 2024).
Alojados en una de las más grandes mansiones del lado norte de Rusia, se encontraban los Baeva, una de las familias más imponentes en el mundo criminal, ya sea por tráfico de armas, trata de blancas y de estupefacientes, eso era unos cuántos de los actos delictivos que realizaban. Aunque se sabía que no eran los únicos, eran los más fructíferos. Auspiciando empresas, hospitales, fundaciones, grandes hoteles y restaurantes de alto prestigio que solo servían de camuflaje. Un medio para evitar tener a los altos "mandos" y a la sociedad detrás de sus movimientos.
Dentro de ella se encontraba el líder de los Baeva cansado de la misma rutina de siempre, comenzando su mañana en la oficina, mientras que su esposa estaba perdiendo el tiempo, probando diferentes perfumes como cada día. Sus hijos perdidos en quién sabe dónde. En la escuela, en el trabajo y o de fiesta. Ya no intentaba controlarlos.
Sin embargo, esa mañana en especial se encontraba devastado. Todos pensaban que, al ser un hombre ejemplar, tener hijos maravillosos, una esposa hermosa y llamativa, empresas por doquier y poder en la sociedad, estaría siempre satisfecho. Pero en realidad, su corazón estaba desolado, desolado como nadie en la tierra, aunque hizo todo lo que pudo nunca olvidó a la única mujer que le robó más que el corazón. Se llevó su alma.
Pensó amargamente mientras tomaba un vaso de wisky. Hoy se cumplía 24 años desde que la conoció y se odiaba a sí mismo por recordarla cada año.
―Fredrick, te recuerdo que hoy tenemos reunión con los japoneses, Los Yakuza. Te necesito cuerdo y listo para negociar con ellos y por lo que más quieras, deja ya de pensar en esa maldita mujer—. Lo interrumpió Donovan. Su mano derecha. Harto de verlo agonizando cada año, mientras que muchos deseaban estar en su lugar y tener una esposa sensual y atractiva, él se pasaba las horas pensando en la mujer de su mayor enemigo.
―Lo sé, lo sé. Lo intento, pero es tan difícil dejar de pensar en ella Donovan. Te juro que no sé qué me pasa, Elena es hermosa, es sensual y una bomba en la cama. Pero me tiene harto, Estoy cansado de que pase todo el tiempo en tiendas de diseñador y no se preocupe por su familia―. Exclamó molesto, hastiado hasta el cansancio de la situación. ―Prácticamente crie solo a mis hijos―.
―Dale chance hombre, no todas las mujeres tienen madera para ser madre. Menos de 4 hijos y siendo tuyos. Uuff amigo que quieres que te diga―. Sonrió Fredrick al escuchar a su amigo―Aunque he de admitir que me preocupan Checho y Elsa, son los más descarriados y controladores―.
―Tienes razón, pero sabes que un Baeva tiene que ser así si quiere tener el mando de la situación. Confió en ellos con mi alma, más que todo de mi pequeña matona. Es la más entregada a este trabajo―. Sonrió, sintiéndose orgulloso de sus hijos y más de su niña atrevida, era tan hermosa igual que su madre, pero con su mismo espíritu, era ideal para llevar su imperio.
―De acuerdo señor, llamaré al personal encargado para que preparen los regalos y los platillos principales para la reunión de la noche―. Exclamó Donovan, interrumpiendo sus pensamientos.
―Bien Donovan, llama a Mark y dile que se encargue de nuestro rehén. Que lo haga sentir en casa―. Sonrió malévolamente mientras otros de sus recuerdos se hacían presentes.
—Enseguida Señor—. Respondió, Donovan saliendo de la oficina de Fredrick.
Pero éste no lo escuchó. Sus recuerdos lo habían atrapado. Su mente viajó al pasado y revivió el día que lo condenaron por un estúpido error, aunque no todo fue una pérdida. Pues tenía unos hijos maravillosos.
***FLASHBACK***
Estaba sentado en su oficina preparando un discurso acerca de su nueva fundación para ayudar a niños con problemas de Síndrome de Down. Cuando de repente, la puerta se abrió abruptamente.
—Tenemos que hablar Fredrick—. Exclamó una asustada Elena.
— ¿Qué quieres ahora? ¿Quieres chuparme la polla? ¿Eso quieres? Déjame en paz Elena, nuestros encuentros esporádicos se acabaron—. Respondió molesto sin dejar de ver sus papeles.
—. Es que no entiendes, algo pasó…… Dios en que me metí, en que me metiste—. Actuó desvergonzadamente mientras fingía sollozar.
— ¿Qué pasó Elena? —. Esta vez sí le prestó atención, viéndola preocupado.
—Fredrick, ¡Oh Fredrick! Yo…. —. No pudo terminar la frase con el fin de poner suspenso a sus mentiras.
—¿Qué mujer? —. Le preguntó Baeva. Ya desesperado de esa inepta.
—Creo que estoy embarazada. No. Estoy embarazada. - Después de decir aquello, rompió a llorar desconsoladamente.
Fredrick se quedó como piedra al escuchar aquello, no sabía qué hacer. No podía abandonar a Elena, un Baeva no puede tener hijos regados por ahí. Si su padre se enteraba, lo mataría. Eso era seguro.
Así que hizo algo que no le gustaba, pero era correcto aún para un hombre como lo era él.
-Elena, ¿sabes qué significa esto verdad? —. Pregunto perturbado, sabiendo lo que eso significaba.
-Yo…. Haría todo con tal de que mis padres no se avergüencen de mí. -Siguió llorando la muy embustera. Pero en su interior no cabía de tanta euforia, sabía lo que seguía, Dimitri no permitiría que un nieto suyo naciera fuera del matrimonio si algo era sagrado para ese hombre era la familia y ahora ella sería parte de ella.
—Tenemos que casarnos, no puedo permitir que mi hijo sea un bastardo—Le dolió decirlo, pero tenía que hacerlo si quería seguir liderando su imperio.
***FIN FLASHBACK***
En tanto Sergio Baeva, el primogénito estaba tambaleándose en la entrada de su casa. ¡Uuff, Qué noche! Pensó. Fue la mejor noche que tuvo considerando que acababa de participar en una de las mejores orgías de su vida, con mucho sexo, alcohol, mujeres, montones de heroína y docenas de botellas de vodka incluida.
Sergio o ”Chencho” Baeva como sus allegados lo conocían, es uno de los hijos de perra más cruel y despiadado que se puede encontrar. Y para su fortuna es el hijo mayor de Fredrick y el nene consentido de Elena.
Su gran estatura, ojos verdes pardos, cabello castaño y piel morena. Lo hacen idéntico a su padre. Todos le comentan lo mismo. Y lejos de sentirse alagado eso es algo que le molesta en demasía.
¡Él no quiere parecerse a su padre!
No quiere ser un idiota gobernado por una mujer. Por más sexy que sea.
Él quiere ser reconocido por sus actos, por ser quien es y no una copia desvalorizada de su padre.
Por ello siempre buscaba la forma de que todas su victimas supieran bien a manos de quien cedían, Chencho, no Fredrick los hacía repetir una y otra vez mientras marcaba sus iniciales con una navaja en su cuerpo.
El joven estaba comprometido con Mérida Vádes, una de las mejores actrices de Rusia O al menos lo era antes de que su ahora prometido le prohibiese hacerlo, argumentando que ningún hijo de perra podía tocar o besar a su mujer ni siquiera actuado. Su tez blanca, ojos como la rica miel y larga cabellera rubia la hacían ver como un hermoso ángel. Cosa que había atrapado al joven Baeva desde el momento en que la vio llegar con su hermana Elsa.
Todos sus amigos le felicitaban por tener a una mujer hermosa a su lado. Lo que ninguno sabía es que cada noche la engañaba con cualquier puta que se le pusiera enfrente y la muy ingenua no se daba cuenta y si lo hacía encontraba una forma estúpida de justificarlo, achacando todo a la dura vida que tenía su novio.
A Chencho lo único que le importaba era el poder remplazar algún día a su padre y si para ello tenía que seguir sus exigencias que mejor que encontrar una buena mujer que pueda soportar sus mierdas. Y quién mejor que Mérida. Le quedaba bien el papel de ser una estúpida y una sumisa.
Entró a la casa con mucha dificultad, y allí sentada en el sofá estaba ella tan hermosa. Se veía cansada y preocupada porque él no había llegado a dormir. Se notaba a leguas que lo había esperado en ése mismo lugar toda la noche.
— ¿Dónde estabas Sergio? —. Preguntó tremendamente preocupada con ojos llorosos y cabello desarreglado.
— Con los am…m…migos—. Respondió arrastrando las palabras. Los efectos de la droga aún permanecían en su cuerpo, lo mantenía muy excitado.
— Sergio, ¿Por qué no regresaste a casa? Me tenías preocupada—. No aguantó más y le salieron las lágrimas.
Cuando eran las 2 de la madrugada y Chencho no llegaba, pensó lo peor. Y estaba decidida a llamar a la familia Baeva sino aparecía al siguiente día, pero gracias a los cielos que estaba bien.
— ¡MALDITA MUJER! YA TE DIJE QUE ESTABA CON LOS AMIGOS. ¡DEJAME EN PAZ DE UNA BUENA VEZ! ¡JODER! —. Gritó furioso. Era una mala combinación estar borracho y drogado al mismo tiempo.
— Chencho, por favor solo quiero saber ¿por qué no llamaste? O ¿por qué no me respondiste? Me tenías preocupada—. Lo dijo sumisamente, intentando aplacarlo, pero en realidad lo que hizo fue enfurecerlo más.
— ¡YA CALLATE DE UNA VEZ MUJER! —
— Pero Sergio, yo quie…— Un golpe seco la interrumpió. Sergio le había golpeado. Una vez más.
Llorosa se quedó en el sofá con una mano en la mejilla y la otra en su corazón que estaba latiendo aceleradamente, no fue capaz de retener el torrente de lágrimas que se avecinaban por su rostro, estaba cansada, lo amaba, pero Sergio era cada vez más inestable.
— A ver si con esto aprendes a estar callada y dejar de joderme de una puta vez—. Exclamó sin verla a la cara, luego se marchó a su habitación dando tras pies tal y como había llegado, y sin importarle el dolor de la joven, se dispuso a dormir recordando la movida y placentera noche que acaba de pasar.
Sin embargo, Mérida estaba dolida. ¿Por qué la trataba así? Si Ella siempre estaba ahí para él, preocupándose. En cambio, a él le importaba una mierda, le respondía de esa forma tal cruel y despreciable, y encima de todo la golpeaba. Pero una vez más hizo como siempre, como las veces anteriores, se repetía a sí misma que no era él. Sólo era el alcohol que lo llevaba a cometer estas acciones. Como siempre buscando excusas para perdonarlo.
Mientras Mérida sufría los desmanes de Sergio, en la habitación principal de la mansión Baeva. Elena se encontraba mirando su figura en el espejo. Sonrío satisfecha con lo que veía. No se quejaba su atractivo seguía intacto. A pesar de los años y los hijos que había traído al mundo, se veía tan sensual como en su juventud.
Siempre con sus vestidos amoldados a su exuberante figura, joyas ridículamente caras, y perfumes con increíbles fragancias y con precios más altos que el salario de un medicucho como ella los llamaba.
Elena es una mujer respetable, por ser la esposa de Fredick Baeva y madre de sus tres hijos. Ella jamás contaba a Ethan. Para ella, él es un simple huérfano que adoptó el apellido de su esposo. No le caía bien. Ese pequeño que con solo una sonrisa pudo tener en sus manos a Fredick y lo adoptó de forma inmediata. Y ella no pudo quejarse, aunque hizo hazañas con tal de no quedarse con él. No pudo evitarlo ¡La vida era injusta!
Después de dar el último vistazo al espejo, llamó a su ama de llaves para que prepare el desayuno mientras que bajó las escaleras de la gran mansión.
Al llegar al pie de las escaleras, se encontró con la menor de sus hijas, Lina. La tierna y dulce Lina, un poco tímida y reservada, a pesar de la familia que le toco, es amante de la literatura, carrera por la cual se decidió a estudiar, y El mayor disgusto de Elena, a ella no le gustaba que su hija fuese tan… como explicarlo. Ñoña e insulsa, intento miles de veces que fuera un poco más atrevida, provocativa y que le sacara partido al grandioso cuerpo que escondía detrás de esa ropa de abuelita. Pero con ella era imposible, era terca y obstinada como su padre, tendré que aguantarla hasta que muera. Pensaba la mujer.
— Lina, ¿Has visto a Elsa? —. Preguntó ignorando su atuendo para nada glamuroso.
— No madre, no sé nada de ella, tengo días sin verla en realidad—. Le respondió temerosa. Aunque no lo admitiera, a veces le daba miedo su madre, la forma tan desagradable en que la miraba y como hablaba de ella cuando creía que no estaba ahí, era tan despreciable y ofensiva.
— Cuando la veas, dile que me vaya a buscar. Esa niña siempre hace lo que le venga en gana—. Murmuró alejándose de ella para llegar al gran comedor.
Lina le siguió el paso. Encontrándose con Ethan. Quién la abrazo y le dio un beso en la frente. Él era el único que siempre era tierno con ella al contrarío que los demás miembros de su familia, que excusaban su falta de afecto el pretexto de que los sentimientos nublan la razón y te hacen débil.
—Vaya Ethan, jamás pensé que un huérfano estaría en mi comedor en vez de la fundación que Fredick mandó a hacer—. Exclamó, expresando el asco que sentía por el muchacho. Lo odiaba y solo estar en su presencia le daba arcadas y ganas de ahorcarlo.
—Mamá por Dios…. Eso fue grosero—. Se horrorizó Lina. Aunque ya estaba acostumbrada a esas actitudes por parte de su madre, no dejaban de ser desagradables.
—No te preocupes Lina. Ya estoy acostumbrado a la lengua viperina de tu madre—. Respondió con sorna. —Y…¿Elena? Tienes una pequeña arruga alrededor de tus ojos—. Terminó sonriendo burlonamente.
—¿Qué? No puede ser cierto, despediré a mí Esteticista por inepta—. Dijo angustiada, buscando un espejo.
Así eran todas las mañanas en la mansión Baeva. Fredick desayunaba en su oficina, Ethan y Elena tenían su pequeña riña, Lina desayunaba sola en el gran comedor y Elsa perdida como siempre. Seguramente estaba de fiesta o torturando a alguno de los rehenes de su padre.
Después de su pequeña disputa que esta vez le otorgó la victoria, Ethan se despidió de Lina, con otro beso en la frente. Luego se fue a su trabajo. Era director y médico de Múrmansk Gorodskaya detskaya klinicheskaya bol’nitsa. Él amaba su trabajo, a pesar de no estar involucrados en los negocios de su padre.Salvar vidas y otorgar ayuda a los más necesitados era lo que hacía Ethan, quería dar apoyo a todos los niños. No todos tienen la oportunidad de ser adoptado por una de las familias más prestigiosas del país. A decir verdad, ninguno tendrá la suerte que tuvo él.
Crucero de los Baeva (Isla de Sajalín, Rusia)
Entre las aguas del mar de Ojotsk, albergaba un crucero con un gran alboroto con destino a la isla de Sajalín. Dentro del él se llevaba a cabo una de tantas fiestas de las cuales a Elsa le gustaba alardear, jóvenes disfrutando del sol, otros bebiendo y bailando sin parar.
En la piscina que ofrecía el barco, se encontraba ella: Elsa Marie Baeva su traje de baño rojo no dejaba nada a la imaginación, con sus aires de grandeza y con muchos lame culos a su alrededor.
La joven Baeva a diferencia de su hermana y madre es más atrevida. la del espíritu alegre y un tanto rebelde. Es la niña preferida de Fredrick y la muñequita de Elena.
Sus ojos grises tormenta, como los de su madre unos labios carnosos y rosas, piernas largas y torneadas, una cinturita de avispa y tez blanca. Pero lo que más atraía la atencion de todos los que la rodeaban era su larga melena desordenada color caoba.
Elsa siempre tiene poder a donde quiera que va, maneja a su familia a su antojo. Empezando por su padre, le encanta involucrarse en sus negocios ilegales y con ello lo tiene comiendo de su mano. Seguido de su madre, ella conoce su secreto y por ello nunca le recrimina sus actos. Y su hermano mayor Chencho, su héroe y a pesar de sus adicciones. Se siente orgullosa que se vaya a casar con su mejor amiga Mérida.
También tiene a su hermana menor Lina, que es un tanto penosa, por lo que siempre la defiende de las críticas de su madre y la ayuda a vestirse llamativa para los eventos de caridad. Por ello, sabe que Lina no puede vivir sin ella. Así que cuando se escapa, ésta siempre les inventa excusas a sus padres para que no sepan de su paradero. Algo que no está de acuerdo Ethan, pero Elsa es tan altanera que lo ignora todo el tiempo.
Sintiendo una oleada de calor, salió de la piscina en busca de algo para tomar.
Se dirigió al minibar del barco y pidió un poco de limonada fresca. Era muy temprano para beber, así que tomar algo cítrico no estaría mal.
—Elsa Baeva—. una lujuriosa voz detrás de ella llamo su atención. Y vaya voz, ronca, baja y sensual. Todo en ella grita que solo el verla le causaba el mayor de los placeres. Aunque claro, ¿Quién no se moría de ganas por verla?
Giró para ver de quién se trataba, bajo lentamente la montura de los lentes para tener una mejor vista. No se sorprendió al verlo, nunca se sorprendía ya que siempre encontraba la forma de colarse en sus fiestas. Una sonrisa seductora se plasmó en sus labios.
—Douglas—. Exclamó sugerente.
Andrey Douglas otro de tantos que tenía comiendo de su mano. El hijo menor del líder del mayor enemigo de su padre.
Se conocen desde hace años, pero por causa de la enemistad de sus padres, rompieron todo tipo lazo. O eso le hacían creer a todo mundo. Hace un año, se reencontraron en un evento de caridad y desde allí, empezaron a ser mucho más íntimos.
—¿No me invitas a una bebida? —. Sonrió lascivamente mientras alimentaba su vista de ese glorioso cuerpo. —Nunca pensé que fueras una mala anfitriona—. Susurró sin separar su vista de sus labios.
—Querido, ésta es una fiesta exclusiva y por lo que yo sé, no éstas incluido en la lista—. Dijo mordiéndose el labio inferior para incitarlo.
Siguiéndole el juego, el rubio fingió molestia y se alejó unos cuantos pasos hasta que sintió que alguien le agarraba la mano y esta vez no pudo evitar sonreír.
—Pero sabes, puedes colarte en mis fiestas cuando quieras—. Susurro en su oído, bajando su mirada al dragón grande y majestuoso que adornaba toda su espalda. —Con la condición de que me lo recompenses después—. Le guiño un ojo insinuante.
Al terminar de decir aquello se acercó al joven y rozó sus labios con los de él. Quería tentarlo, sentir sus manos en sus pechos y su boca besando su cuello. Estaba tan desesperada, anhelaba que él la llenara por completo, unir sus esencias. Necesitaba con urgencia liberar su frustración s****l y que mejor que con él. A fin de cuentas, ambos sabían que le gustaba al otro.
Mansión Baeva (Múrmansk, Rusia)
Al caer la noche, Fredrick estaba arreglándose para la reunión más importante de su vida. Su mente no parara de maquinar estrategias para convencer al líder de la organización criminal más grande de hacer negocios con su imperio.
Elena lo observaba atentamente mientras peinaba su hermoso cabello castaño rojizo. Se acercó sigilosamente y le dio un pequeño beso en los labios para tranquilizarlo.
—Cálmate cariño, sé que lo puedes lograr—. Dijo. Mientras le doblaba el cuello de su camisa y le ajustaba la corbata. —No conozco a más nadie que hace lo que sea para alcanzar sus objetivos, como lo haces tú—.
—Gracias Elena, esto es muy importante para mí. Es la primera vez que los japoneses se interesan por nuestros territorios—.
—Lo sé, por eso debes estar tranquilo y ser paciente. Ahora termina de arreglarte que Donovan te espera en la abajo—.
En ese momento se escuchó el sonido de un mensaje proveniente de un teléfono celular.
Ella sabía quién era. Así que se despidió de su esposo con otro pequeño beso y se alejó de la habitación con el celular en la mano. Fredrick estaba tan nervioso que por primera vez en su vida que no se percató del extraño comportamiento de su esposa.
Crucero de los Baeva (Isla de Sajalín, Rusia)
Un fuerte gemido se escuchó por toda la habitación, mientras que la luz de la luna reflejaba dos figuras sudorosas y desnudas moviéndose a la par en un baile prohibido.
Elsa se sentía en la gloria, cabalgaba a ése hermoso hombre mientras que éste le chupaba los pechos y le azotaba el culo.
El extraño abandonó la tarea de atender a sus pechos, dejándolos rojizos y llenos de saliva para arremeter su boca con urgencia mientras su orgasmo llegaba a la cúspide.
Ambos se separaron con dificultad mientras buscaban la manera para que el aire llenara sus pulmones.
—Joder! Cuánto extrañaba esto, Cuánto te extrañaba a ti—. Dijo mirándola dulcemente.
—Diablos Douglas, no te pongas romanticón—. Se acercó a él mientras le agarraba la polla. —Menos palabras y más acción—.
Luego de decir aquello, empezó a lamer ese pedazo de carne mientras que sus manos masajeaban sus huevos. Empezó a chupar la cabeza de la polla como si de un dulce se tratase y después de torturarlo por un rato, se la metió de un solo golpe en la garganta, arrancando un ronco gemido del joven.
Andrey estaba agonizando de placer mientras agarraba el desordenado cabello de Elsa en una coleta. Amaba que ella le hiciera mamadas. Tener esa boca a su merced era una bendición.
—Jodeeerrrr sigue así nena. Chúpamela, Más rápido—. Jadeó mientras movía las caderas desesperadamente para lograr su ansiado orgasmo.
Elsa estaba como poseída, necesitaba de su dulce néctar y se la metió más profundo para recibir su merecido premio.
Un grito de liberación resonó por todo el cuarto.
Elsa estaba ocupada limpiando toda la evidencia de semen de su boca, que no percató la mirada de anhelo de Andrey.
—Haz estado espectacular—. Dijo acercándose para darle un beso, pero ella lo rechazó. —¿Qué te pasa? —.
—Ya te puedes largar de mi habitación Andrey—. Dijo encendiendo un cigarrillo.
—¿Qué rayos? —. Pregunto incrédulo.
—Joder, no me la pongas difícil. Sabes que esto es sólo sexo y nunca funcionaría—.
—¿Me éstas jodiendo verdad? Elsa no vine aquí por un simple revolcón. ¡Te amo! Y lo sabes—. Exclamó desesperado, rogando a los cielos que ella entrara en razón. —Si esto es por nuestras familias, te juró que haré todo lo que tenga en mis manos para que nos acepten. ¡Por favor! —Terminó implorando, perdiendo su orgullo.
—Sergey preparó una habitación para ti, búscalo para que te entregue las llaves—. Lo ignoró, sabiendo que eso era menos doloroso que decirle que sólo lo utilizaba para satisfacer sus necesidades.
Indignado por la situación y dolido por sus palabras o falta de ellas, se vistió apresuradamente y salió de la habitación desquitándose con la puerta.
Elsa no se inmutó por el estruendo. Ya acostumbrada a las pataletas de sus conquistas. Solo esperaba que este percance arruinara su amistad con Andrey.