CAPÍTULO X

1669 Words
Sin rastro alguno —Una semana, una puta semana y aún no sabemos dónde está— Grito fuera de sí, estaba desesperado, sus hombre habían buscado a su pequeña por todas partes, y una semana después seguían así conseguir nada, el su corazón se encontraba lleno de una mezcla de sentimientos extraños, que iban desde el remordimiento, culpa, rabia, pero sobre todo miedo. Sabía lo que podía pasar si uno de sus enemigos tenía a Lina, y aunque sabía que pocos conocían de su existencia tenía muy en claro que en su mundo nada era imposible. Según los informes, sus hombres habían recorrido toda la ciudad y sus alrededores, habían instalado un puesto de vigilancia en todas las entradas y salidas de la universidad, así como las cafeterías de esta. Sin embargo, parecía que a la pequeña ratoncita se la había tragado la tierra, o un tigre en caso de que los Douglas estuvieran cumpliendo con lo dicho en sus amenaza. —Son una bola de incompetentes, como puede ser que más de cien hombre no puedan encontrar a una chica como Lina—. La frustración de Fredrick estaba comenzando a sacarlo de sus casillas. — Quiero que impriman copias de esta fotografía, y las repartan por todas partes, no pudo haber desaparecido así, como así— dijo arrojándole una imagen a Donovan. El hombre la tomo y se quedó mirándola por un segundo, sabía lo que estaba sintiendo su amigo y jefe, él había sentido lo mismo años atrás cuando su esposa e hijos desaparecieron sin dejar rastro alguno, la diferencia es que el no tuvo los recurso no la fuerza para hacer lo que su jefe estaba haciendo. En ese entonces él no era más que un simple obrero, uno de los eslabones más bajo entre la gente trabajadora, y un completo imbécil lleno de deudas de juego, por eso estaba ahí, días después de perder a su familia y llevado por un ataque de ira se encontró en una de las casas de juego más famosas de todo Rusia, como era de esperarse perdió, y no tenía con que pagar, anuqué ahora que lo piensa tal vez no fue tan malo que no tuviese con que pagar de lo contrario no se encontraría ahí en ese momento y quizá, solo quizá estaría muerto desde hace mucho tiempo. Sacudió su cabeza saliendo de sus recuerdos y saliendo de la habitación dispuesto a cumplir con la orden de su jefe. Elsa no dejaba de dar vueltas por la habitación, desde la primera noche en la que su hermana no había llegado a dormir. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de llamadas que le había hecho sin obtener respuesta alguna. Sabía que su padre tenía un chip rastreador en el celular de esta, pero cuando le pregunto días atrás por la localización, perdió todas las esperanzas de encontrarla por ese medio. Según su padre, encontraron el teléfono en un contenedor de basura a las afueras de una librería. Típico de su hermana pensó, hasta huyendo iría a un lugar como ese. De no ser porque el celular estaba en el bote y en las cámaras del local vieron perfectamente cuando ella misma lo puso ahí, en este momento estaría imaginando un sinfín de maneras de matar a sus captores, sabía y entendía que su hermana necesitaba un poco de tiempo a solas. Y aunque no le gustaba la idea que anduviera por ahí desprotegida, conociendo todos los peligros con los cuales podría encontrarse por el simple hecho de ser una Baeva, tenía que confiar en su capacidad de supervivencia. Conocía a Lina, era lo suficientemente lista como para saber por dónde y con quien no debía andar. Pero pensándolo bien ella también lo sabía, y hasta hace un par de semanas seguía acostándose con uno de los hijos del mayor enemigo de su padre…viéndolo bien su pensamiento era un poco hipócrita. Salió de la habitación y se dirigió al despacho de su padre, tenía que ver que podía hacer para encontrar a la ratoncita. Encontró a su padre detrás de su escritorio con cientos de fotos de Lina. —Qué te parece si tomas unas cuantas y vamos a las librerías cercanas a dejar unas pocas— Propuso— o solo dámelas iré yo sola— sin esperar respuesta tomo un puñado de estas y salió de la habitación, antes de que su padre pudiera hacer algo. Era un pésimo padre, de eso no había duda. Después de buscar a su pequeña por todos lados sin resultados, no tenía nada, ni sus mejores rastreadores habían podido dar con ella, como había dicho Elsa la noche anterior, Lina era demasiado lista y si no quería ser encontrada nadie lograría dar con ella, ¿habría comido? ¿Tendría frío? ¿Dinero suficiente para un hotel? ¿Un techo, una cama o dónde dormir? A últimas fechas el frío había sido devastador por esas zonas, y para el menudo cuerpo de su angelita, lo último que necesitaba era encontrarla congelada por las calles de la ciudad. ¡no, no! Ni siquiera quería pensar en esa posibilidad. Nadie de la familia conocía a sus amigos, tendría siquiera alguno fuera de esa casa. Conocía de sobra el carácter introvertido de Lina, no estaría con desconocidos, y con algún familiar ni se diga. La desesperación con cada hora que pasaba se hacía cada vez más insoportable. Ya no sabía por dónde demonios buscar. Iría de nuevo a la biblioteca, era de sus lugares favoritos en algún momento tendría que regresar por ahí, si era necesario podría un guardián en cada una de ellas hasta que la encontraran. Rogaba al infierno que fuera pronto. — ¡auch! — Iba tan distraído en sus pensamiento que apenas se dio cuenta que se llevó a alguien a su paso, dio la vuelta sobre sí mismo con la intensión de disculparse, —Yo lo si…—las palabras quedaron atascadas en su garganta, cuando la vio ahí, de culo contra el suelo y una mirada acusadora hacía su persona. — ¿Joseline? — — ¿Fredrick? — Preguntaron al mismo tiempo. El hombre le tendió la mano, con desconfianza ella la tomo y nada más tocarse fue como si nada huebra cambiado entre ellos, volvieron a sentir esa corriente vertiginosa que fluía por todo su cuerpo. Hace mucho tiempo que ninguno de los dos se sentía de esa forma, no desde que ya no estaban juntos, aun sin perder contacto se vieron directamente a los ojos por un momento sus ojos lo vieron como hace mucho tiempo atrás, pero rápidamente esa expresión fue remplazada por una de completo odio. No entendió ese sentimiento, la que había mentido era ella, no tenía derecho a mirarlo así. Un carraspeo a su lado llamo su atención, por su costado observó a un joven que la veía entre molesto e intrigado al mismo tiempo. Andrey solo veía de uno a otro, era como si el tiempo hubiese quedado suspendido entre ambos, sus miradas estaban entrelazadas, y se decían de todo sin expresar palabra alguna. —Andrey— dijo este señalándose y sacándolos de su transe. —Por lo visto te sigue gustando jugar— Expreso furioso. Joss se preparaba para darle una respuesta mordaz, pero un papel a sus pies llamo su atención. Soltó por fin la mano de Fredrick y se agacho a recoger el papel. Desde este la imagen linda y menuda de una jovencita la saludo con gesto adusto, Lina Baeva, se alcanzaba a leer el encabezado, aunque no se parecía en nada a él y salvo el cabello del mismo color no tenía nada de Elena, gracias a dios, pensó. La mirada de Fredrick paso de Joseline al pape que sostenía entre sus manos y su expresión paso a la total desolación, la reacción del hombre llamo la atención de Andrey, que sin poder contenerse estiro su mano y tomo la fotografía de la mano de su madre. — ¿Qué es madre? — Pregunto. Sus ojos se abrieron enormemente al observar a su ratoncita en la imagen, no lo podía creer, desde hace días no se podía sacar a esa mujercita de la cabeza. Y ahora venía a enterarse que era una Baeva, no podría estar más jodido. Inconscientemente, se llevó una mano al bolsillo de la chaqueta donde descansaban a diario los lentes de esa pequeña. No hacía falta preguntar qué pasaba, solo con ver la cara del hombre y el montón de papeles con la foto de la chica en sus manos. — ¿Qué le paso? — escucho preguntar a su madre, muy a lo lejos. Sus pensamientos ya estaban muy lejos de ese lugar, intentando recordar donde la había visto. Cuál era el nombre del parque en el que se había encontrado con ese bello rostro. — Hice algo que no debía hacer y escapo de casa. Ahora nadie sabe dónde está, ya hace dos semana de eso— Contesto el hombre afligido. — Típico de Ti ¿No? — dijo la mujer sin poder ocultar su desdén. — ¿Perdón? — Pregunto, —Sabes que olvídalo, no tengo tiempo para esto— Dijo dando la vuelta y dirigiéndose a recepción. Joseline y Andrey no pudieron quitar su ojos de él, pudieron ver como la chica de la entrada le sonreía con pena, mientras le explicaba que no habían visto a su hija por más de una semana, y que sin duda ella le llamaría en el instante en que apareciera, por ahí. El hombre recargo sus codos en el escritorio y encima de estos su rostro, expresando así la frustración y tristeza que sentía en ese momento. —Yo la vi— Dijo, Andrey a su madre —Hace una semana, estaba en una parque, no recuerdo cual en este momento, estaba llorando. No sabía que los Baeva tenían otra hija mujer— expreso extrañado. —Ni yo lo sabía— respondió su madre, sin dejar de mirar a Fredrick.
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