Daphne.
Me despierto, y veo la hora es tardísimo, ¡No puede ser! Hoy es la presentación de los hoteles. Me levanto rápidamente, me meto a bañar, salgo en menos de 3 minutos. Corro, y me caigo, ¡Joder! Sí que dolió. ¡Ay Daphne! Solo a ti se me ocurre correr con los pies mojados.
Me levanto, y de inmediato siento: un dolor muy fuerte en la parte baja de mi espalda. Pero lo ignoro, luego me tomo algo para el dolor, camino a mi closet, lo abro y busco cómo loca una falda, pero no encuentro ninguna, porque será que siempre buscas algo nunca lo encuentras. Saco un traje rojo, ni modo este será.
Me pongo el pantalón, saco un top n***o, me pongo el saco, camino hasta mi tocador me seco el pelo, y salgo corriendo. Decido irme en taxi, para arreglarme en el trayecto, me subo en el primer taxi que pasa, le digo al conductor a dónde me dirijo. Me voy maquillando, y peinado, me pongo unos cuantos accesorios, y en menos de 15 minutos estoy lista.
Llego a la empresa, y salgo corriendo cómo atleta olímpica. Espero el elevador, pero nada que llega, veo la hora y es tardísimo, así que mejor subo las escaleras.
Las subo en un tiempo récord, esto hace que me duela más la espalda. Saludo a Olivia:
—¡Buen día, Olivia! Por favor me puedes traer algo para el dolor de espalda, y un café.
—¡Buen día, Daphne! Claro.
Entro a mi oficina, y prendo mi Laptop, contesto algunos correos, y reviso por última vez la presentación de los hoteles, todo debe de estar perfecto. Veo la hora y falta media hora para que lleguen los dueños de los hoteles.
Entra Olivia con mi café y con un montón de pastillas.
—No sabía, cuál sería mejor, así que te traje todos los que encontré.
—Gracias Olivia, deja todo aquí en mi escritorio—, deja todo y sale, me tomo un par de pastillas. Espero que con esto se me quite el dolor, un par de minutos las pastillas hicieron su trabajo.
Llamo a Dimitri, para que venga, ya que los dos haremos la presentación. En verdad espero que la aprueben, han sido 3 meses de muchísimo trabajo.
—Hola Dimitri, ¿Puedes venir a mi oficina?
—Voy enseguida hermosa.
Hechos cientos de presentaciones, pero siempre me pongo nerviosa cuando presento a los clientes, un proyecto para su aprobación. Reviso nuevamente todo. Soy interrumpida por Dimitri.
—Hola Hermosa, estás que ardes con ese color, te queda muy bien
—Gracias, quería venir de un color más formal, pero se me hizo muy tarde, y fue lo más decente que encontré en mi closet.
—Estas, ¡Wow! Cuando te vean, nos van a aprobar el proyecto sin siquiera verlo.
—No creo que se para tanto, pero gracias por las porras. Ven vamos a la sala de juntas a arreglar todo, ya que solo faltan 15 minutos.
—Si vamos.
Salimos de mi oficina, y nos vamos a la sala de juntas. Preparamos todo.
Cuando vemos van entrando el señor Armando, con el presidente de las cadenas de Hoteles el señor «Joaquín Guzmán», es un hombre que impone muchísimo.
—¡Buen día, señor Joaquín!—digo.
—¡Buen día, señorita Daphne! Cómo siempre es un verdadero placer verla
Nos damos las mano, y después saluda a Dimitri, empezamos la presentación, y me empieza a doler nuevamente mi espalda. Pero ignoro el dolor y prosigo con la presentación, cuando terminamos, veo que: El señor Joaquín está tranquilo, su cara no refleja ninguna emisión, es una persona muy difícil de leer, cada minuto que pasa me pone más nerviosa, hasta que por fin dice:
—¡Eso justamente lo que estaba buscando!
—¡¿Le gustó?!—dice Dimitri.
—No solamente me gustó me encantó. Esta más que aprobado, hay que iniciar cuánto antes la construcción.
En cuanto dice eso, respiro.
—Gracias señor Guzmán—digo
—No a ustedes por su increíble trabajo—voltea a ver a don Armando, y le dice: —Cuida a esta señorita Armando es un verdadero diamante.
—Lo sé.
—Bueno me voy, tengo mil pendientes. Armando la otra semana comenzamos la construcción, por favor.
—Claro Joaquín—, y el señor Guzmán sale de la oficina. Dimitri y yo nos abrazamos, y empezamos a dar saltitos de emisión.
El señor Armando carraspea y nos separamos.
—¡Muchas felicidades! Y muchas gracias por su trabajo, esto les será bien remunerado. Bueno me voy, cualquier cosa que necesiten, voy a estar en mi oficina.
—Gracias, señor—decimos ambos.
—¡Gracias al señor! Nos autorizaron el proyecto.
—Si amiga, cuando terminamos, y el papacito del señor Guzmán no decía nada, ¡Te juro! Que casi se me sale el alma.
—Ami igual.
—Debemos festejar. Hay que irnos de fiesta está noche.
—Hoy no creo, me caí en la mañana, y me duele horrible la espalda.
—A ver déjame ver.
Me volteo, y me quito el saco y me levanto mi top.
—Sí que te diste duro, nena. ¡Tiene que ir al doctor!
—No es para tanto, mañana estaré bien.
—¡Daphne! Por favor debes cuidarte más. Eres muy descuida contigo. Te aseguro que ni siquiera haz desayuno.
—Claro que me cuido, solo que hemos tenido mucho trabajo.
—Pretextos, ven vamos a desayunar.
—Pero…. Tengo mucho trabajo.
—El mundo no se va a caer, si te tomas 20 minutos para desayunar. Así que vamos a la cafetería.
—Ok, pero no me regañes.
—Pues no me hagas enojar.
Salimos de la sala de juntas, y vamos a desayunar. Dimitri me pide un desayuno enorme, termino y nos vamos a trabajar.
—Gracias por el desayuno. ¡Te quiero!
—Y yo a ti.
Entro a mi oficina, me pongo a trabajar, empiezo con la segunda parte del boceto del puerto, pero mi espalda me está matando, y decido ir al médico a qué me chequen y vuelvo, llamo a al señor Armando para avisarle.
—Señor Armado, voy a salir un rato, iré al doctor.
—¿Todo bien?
—Si, solo me iré a revisar un golpe que me hice hoy en la mañana, porque me está molestando.
—Está bien, si quieres tomate el día libre.
—No es necesario señor.
—Bueno está bien, con cuidado.
—Gracias, señor—, y cuelgo.
Salgo, y tomo un taxi, llegó al hospital, en verdad odio los hospitales, desde el accidente. Me recuerdan esa etapa de mi vida que quiera borrar. Entro y enseguida me atienden ¡Gracias a Dios!
—¡Buen día, Señorita!, ¿En qué la puedo ayudar?—dice el doctor.
—Hoy en la mañana me caí y tengo un enorme golpe la parte baja de mi espalda
Me hace un par de preguntas de rutina y le digo que tengo anemia.
—La voy a revisar, por aquí.
Me levanto, y camino hasta la cama, me comienza a revisar. Cuándo termina me dice:
—Es un golpe superficial, pero de todos modos le voy a mandar a hacer unas radiografías, y unos estudias por lo de su anemia.
Me receta un par de analgésico, y me coloca un parche para el dolor. Salgo y me quedo un par de minutos hablando con el doctor. Me despido y me voy.
Llego a la oficina, y el resto del día me la paso trabajando, veo la hora y son las 6:00 p.m. Apago todo y me voy a mi casa a descansar.
20 minutos estoy en casa, me quito mis zapatillas, mi ropa, me quedo solo en ropa interior, y me tumbo en mi cama. Y me quedo profundamente dormida. Me despierta timbre, me levanto de mala gana. ¡¿Quién diablos será?!
Escucho nuevamente el timbre. Me pongo una playera, y grito:
—¿Quién es?
—Soy yo bruja, ábreme.
—Voy.
Camino hasta la puerta, y le abro a Pau.
—¡Hola Brujís!—me da una sonrisa encantadora, y me enseña una botella de vino en la mano.
—Pasa.
—Vengo a festejar que: Metí a la cárcel a un desgraciado.
—No puedo tomar me caí, me levanto la blusa y le enseño.
—¡¡Sigues siendo torpe!!
—Mmm… Únicamente un poquito. Pero no te preocupes tú tomas y yo como. Deja pido algo de comer. Dame la botella.
—Ponte cómoda.
Voy a la cocina, y pido una pizza, y nos dedos de queso, abro el vino y le sirvo una copa a mi Pau.
—¿Cuánto tiempo tiene que no limpias Bruja?
—No he tendido tiempo estos últimos 3 meses, me la paso más en el trabajo, que aquí. Tengo que contratar a alguien que me ayude con el aseo de mi departamento.
—Creo que sí.
—Cuéntame cómo va todo.
—De maravilla, hoy me ascendieron seré socia de la firma.
—Que buena amiga. ¡Te lo mereces! Eres una súper abogada.
—Y tú una increíble arquitecta.
—Salud por eso. Oye debes contratar a alguien que nos ayude con la planeación de tu boda.
—Si eso es lo que pensé, ves estamos conectadas.
—¡Siempre Chancla!
—Y… ¿Cómo te fue con tu cita?
—Mejor no hablemos de eso. Creo que mi destino es estar sola, y sin sexo.
—No digas eso, ya verás que pronto llegará.
—La verdad ya me cansé de salir con puro un imbécil. He decido dejarlo por la paz. Me enfocaré en mi carrera.
—Haces bien.
—Pero no hablemos de mi inexistente vida personal. En verdad estoy muy feliz que te cases con Anthony, ves te lo dije, que él era el bueno.
—Si… Hemos pasado, por tanto, juntos.
—Hacen gran equipo.
Así pasamos un par de horas platicando, hasta que Pau esta ebria, la acuesto a dormir, me acomodo a su lado, y me duermo.
Me despierto, voy a la cocina hacer café, veo la hoja que me dio el doctor, con los exámenes que debo hacerme.
—¿Qué lees Brujís?
—Esto que dio el doctor, tengo que hacerme algunos exámenes.
Me quita la hoja, y me dice:
—¡Tienes que hacértelos! Es más yo te llevo, porque conociéndote, eres capaz dejarlo pasar.
—No es para tanto, solo son exámenes de rutina.
—Si, pero recuerda que por no cuidarte cómo es debido todavía tienes anemia.
—No me regañes.
—¡Es que eres terca! Vamos hoy mismo. No comas nada. Ve arreglarte.
—¡Pau! No es necesario ir hoy.
—Ves no te cuidas. Anda ve arreglarte, no quiero discutir contigo.
—Está bien.
Voy de mala gana. Me baño, me pongo ropa cómoda, salgo.
—¿Nos vamos en mi auto o en tu camioneta?
—En tu auto, eres tú la que me quiere llevar.
—Ok, voy a arreglarme.
Mientras espero a Pau, me siento, en mi sofá. En eso, recibo una llamada de Armando, la tomo de inmediato.
—¡Buen día, Daphne! Perdón por molestar un sábado, pero el ministro Rodrigo, me dio cita para mañana, a las 10:00 p.m. Espero que no haya problema...
—¡No puede ser!—pienso—¡Claro, Don Armando! Mándeme la dirección y ahí estaré.
—Gracias Daphne, excelente día.
—Gracias, Señor, igualmente.
Pau sale, y me pregunta:
—¿Quién era?
—Mi jefe, para decirme: Que mañana tengo que ver al ministro Rodrigo, pero sabes algo en ese señor no me gusta.
—Si, se dice muchas cosas del él, y no muy buenas, pero nada se le ha comprobado. Solo ten cuidado.
—Si eso haré. ¿Nos vamos?
—Sí.
20 minutos después estamos en el hospital, bajamos, y en la entrada nos encontramos a alguien que pensé jamás volvería a ver a: «Marcus Lombardi», enseguida me pongo nerviosa, será que él está aquí. ¡No permitas eso Diosito, por favor!
Caminamos rápidamente, no quiero que me vea. Pero mis intentos no sirven.
—¡Daphne!—me dice con un tono de sorpresa.
—¡Marcus!—digo.
—¿Qué haces aquí?, ¡¿Te encuentras bien?
Pero Pau le contesta, en un tono muy molesto:
—Eso no te importa, y si nos permites—, me toma del brazo. Pau me mira.
—¿Te encuentras bien?
—¡Claro! ¡¿Por qué no lo estaría?
—Porque estás pálida como una hoja de papel.
—Ideas tuyas, mejor hay que darnos prisa y salir de aquí, sabes que no me gustan los hospitales.
Nos tardamos más de 2 horas haciéndome los estudios, y no puedo evitar pensar en: Sebastián, ¡¿Será que regreso?!, ¡Joder! Espero que no. No quiero verlo, si algún día lo encuentro, quiero que me vea feliz mente casada, del brazo de un hombre guapo.
Salimos del hospital, nos subimos en el carro de Pau.
—¿En qué piensas?
—En el trabajo—miento.
—Te conozco, y sé que estás pensando en él.
—Eso no es verdad, solo que me sorprendió ver Marcus, ese es todo; pero no hablemos más del tema.
Vamos a desayunar, y hablamos de los preparativos de la boda, pero no dejo de estar inquieta. ¡Odio esto! Después de tanto tiempo, la idea de verlo me duele.
—¿Me estás escuchado?
—¡Claro que si chancla!
—¿A ver que:? Estoy hablado?
—Del color de los manteles.
—¡Te salvaste Brujís! Pasando a otro asunto, recuerda que hoy es cumpleaños de Anthony.
—Es verdad.
—Se lo voy a festejar en un club privado. Tiene que ir.
—No lo sé, mañana tengo que trabajar.
—Anda solamente un rato, ¡¿Si?!
—Vale iré un ratito
—Esa es mi chica. Bueno mejor me voy, porque no he visto a mi hombre desde ayer.
—Sí, quiero descansar un poco.
Pedimos la cuenta. Pau me lleva a mi departamento. Llego y me duermo, estoy muy cansada.
Me despierto y soy las 3:00 p.m. Me levanto pido algo de comer, y me pongo a limpiar mi departamento. Termino un 2 horas después, me meto a bañar, me tomo mi tiempo, cuando salgo como, y veo a hora. Quiero hablar con mi mamá, pero está en Francia, y no creo que me conteste, este último mes ha estado allá abriendo una boutique, únicamente con sus diseños, mi abue se fue con ella.
Me acuesto un rato, veo la hora y es hora de arreglarme. Decido ponerme un vestido verde esmeralda muy entallado, y unas zapatillas del mismo color, me hago unas ondas, y me maquillo un poco.
Veo la hora y son la 9:00 p.m. Salgo de mi departamento, llegó al club, y veo que hay bastantes personas. Muchos hombres me voltean a ver, pero ya me acostumbré, localizo a Anthony y Pau, y enseguida voy con ellos. Cuándo veo a Anthony se sorprende.
—¡Daphne! Pensé que no vendrías.
—Si quieres me voy hombre.
—¡No como crees! Ven dame un abrazo.
Lo abrazo, y nos separamos un par de minutos.
—¡Muchas felicidades!
—Gracias.
—Te debo el regalo.
—No te preocupes.
—¡Amiga! Que guapa te ves, el verde es tu color.
—Gracias, tu igual estás muy hermosa.
—Ven, te voy a presentar a un compañero de trabajo.
—¡Pau!
—Anda es un buen chico—, me toma de brazo—No tardo amorcito.
—No te preocupes.
Caminamos hasta el chico que me va a presentar. Pau toca su hombro al chico. Él voltea, y es un chico atractivo
—¡David! Te presento a Daphne.
—Mucho gusto—, y nos damos la mano.
—Bueno los dejo para que se conozcan—dice Paula. La miro con cara de asombro, la verdad no tengo ganas de conocer a nadie.
—Paula me ha hablado mucho de ti.
—Espero que cosas buenas.
—Si, me digo: Que eres arquitecta, y muy buena.
—En realidad si soy muy buena, gracias.
—¡¿Eres Abogado penalista al igual que Pau?!
—No, soy Abogado familiar.
—Que bien.
—No es tan emocionante, cómo lo que hace Pau, pero es muy bien pagado.
—Me imagino, voy por algo de tomar.
—¿Te acompaño?
—Claro.
Llegamos a la barra y pido un Martini. Y me tomo un par, cuando veo la hora ya está tardísimo.
—Me tengo que ir David.
—¿Por qué tan temprano?
—Mañana trabajo.
—¡Oh! Ya veo, ¿Me puedes dar tu número?
—Si— y se lo doy, me despido, y voy con Pau y Anthony a despedirme.
—¡Chicos! Me tengo que ir.
—¡Tan pronto!—dice Pau.
—Sí, ves que te dije que: Mañana trabajo.
—Quédate un rato más anda.
—Amor deja que se vaya ya escuchaste.
—Bueno está bien. ¿Qué te pareció David?
—Es agradable.
—¿Solo eso?
—Si, bueno me voy.
Camino hasta la salida, y me tropiezo con alguien, cuando escucho una voz:—Perdón.
Todo mi cuerpo empieza a temblar, estoy cómo gelatina, y creo que estoy transitando horrible, mi corazón late tan rápido, que siento que se me va a salir.
Levanto mi rostro y es: Sebastián, por un de minutos nos quedamos viendo. Se ve mayor, tienen más barba, y está más fuerte, esos ojos me miran, no sé cómo describirlo, su mirada me llega a lo más profundo de mi ser.
—¡Daphne!—dice con una voz como melancólica.
No digo nada y salgo rápidamente de ahí, no quiero verlo más. Eso me duele, y mucho.