Daphne. Mi cuerpo tiembla, estoy: enojada, excitada, y sumamente frustrada. Camino sin perder el glamour e inhalo aire varias veces. Sentir su cuerpo, oler su perfume, ver esos hermosos luceros azules como el profundo mar, fue una puñalada a mi corazón. Aunque me niegue aceptarlo como extrañe esa mirada, se ve tan jodidamente guapo con ese traje. Estuve a punto de lanzarme a sus fuertes brazos, y pedirle que me follara, solo como él lo ha hecho. ¡Joder, Joder! Cómo extraño el sexo. Necesito un desahogo, o moriré de incontinencia. Llego a mi mesa, la verdad ya no aguanto a este «rabo verde» de mierda, cada que puede se me insinúa. Que tipo más nefasto, que cree que por tener dinero y ser ministro, todas las mujeres tenemos que lamerle su v***a. —Te tardaste muñeca. Alzo una ceja, po

