Sebastián. Me despierto con un puto dolor de cabeza, esa mujer me va a volver loco, ya no queda nada de la dulce chica de la que me enamoré. Ahora es una mujer terriblemente sensual, arrogante, y está más hermosa que nunca. La verdad me encanta y me encabrona. No quiero que ningún hombre la toque. Me levanto, y salgo a fumar al balcón, necesito quitarme este dolor de cabeza, y un cigarrillo siempre logra quitármelo. El frío de la mañana me cala, pero me quedo viendo la hermosa arquitectura, que hay en mi alrededor. Sé qué dije que no volvería a buscarla y que no iba a intervenir en su vida, pero no puedo dejarla, así me tenga que arrastrar como perro, la voy a recuperar, la quiero conmigo. Es por eso que acepte trabajar, unos días en la empresa donde trabaja, para tenerla cerca. Sé qu

