Dmitri se encontraba en el bar, fingiendo que disfrutaba la compañía de Vittorio, pero su mente estaba en otra parte. Sasha no bailaría esa noche, eso lo había dejado claro. Entonces sonó su teléfono. El portero de Trigo de Oro llamaba. —Señor De Luca, disculpe la hora, pero hay un problema. Dmitri frunció el ceño. —Habla rápido. —La señorita Ricci entró a la empresa, pero nadie la ha visto salir. Dmitri se quedó en silencio. Eso era raro. Era la excusa perfecta para escapar de la compañía de Vittorio. —Maldición, siempre hay problemas que solo yo puedo resolver. Se levantó de la mesa, sacó un billete y lo dejó sobre la barra. —Vittorio, tengo que irme. —¿Problemas? —Nada que no pueda manejar. Vittorio soltó una carcajada. —Bien, viejo amigo, pero que sea rápido. Quiero p

