Simone se levantó con el primer rayo de sol. El cansancio aún pesaba sobre sus hombros, pero no tenía tiempo para quedarse en la cama. Se vistió rápidamente y fue a la cocina. Abrió la nevera y sacó los ingredientes. A Sandra le encantaban los sándwiches de pollo con champiñones. Si había algo que aún podía hacer por su hermana, era darle esos pequeños placeres. Encendió la estufa y empezó a cocinar. El olor del pollo dorándose en la sartén llenó la pequeña cocina. Cortó el pan, untó un poco de mayonesa y colocó las rebanadas de queso. El sonido del cuchillo al picar los champiñones era el único ruido en la casa. Cuando todo estuvo listo, envolvió los sándwiches en papel aluminio y los guardó en un pequeño bolso térmico. Debía ir al hospital antes de trabajar. Salió con rapidez y

