Horas más tarde todo el personal fue convocado a la sala de conferencias. Había un monitor gigante al frente y un murmullo inquieto llenaba la sala. Todos se preguntaban qué ocurría. Cuando la figura de Valentino De Luca apareció en pantalla, el silencio se hizo absoluto. —Buenas tardes. Su voz grave y dominante retumbó en la sala. —Hoy es un día victorioso para alguno de ustedes. Las miradas se cruzaron con expectación. —Realizarán una prueba en la que demostrarán sus competencias. Algunas secretarias se miraron entre sí, preocupadas. Carlota sonreía con confianza. —Quien obtenga el puntaje perfecto ocupará el puesto de mi secretario personal. Las respiraciones se agitaron. —El ganador recibirá un aumento de sueldo y beneficios que, por ahora, mantendré en reserva. El nervio

