Carlota estaba furiosa en la oficina. Se había visto obligada a regresar a la oficina después de la llamada de Dmitri, quien, con su tono frío y autoritario, le dejó claro que si no aparecía al día siguiente, podía ir buscando otro empleo. «Maldito arrogante.» Con pasos pesados, entró a la empresa y fue directamente a su escritorio. No pasaron ni cinco minutos cuando Javier apareció. —¿Puedes creer lo que Simone te hizo? —preguntó con indignación, apoyándose en el escritorio de Carlota. —Créeme, lo sigo procesando —resopló ella, cruzándose de brazos—. ¿Quién se cree que es para humillarme de esa manera? Javier hizo una mueca de dolor fingido y señaló su mandíbula. —A mí hasta me golpeó sin razón. Carlota frunció el ceño. —¿Golpearte? —Sí, sin motivo. Solo por defenderte. Los oj

