01. El trágico accidente
El ambiente en la oficina era frenético... todo un caos; nada más que un reflejo del día agitado que había sido para Sophia, la joven uniformada de azul marino, de cabello rubio claro y ojos verde oliva penetrantes, que se encontraba sumergida en montañas de papeles y correos electrónicos por responder. Su mente trabajaba a toda velocidad, pero algo en su pecho le decía que ese no era el verdadero motivo de su inquietud.
En medio del ajetreo, el teléfono de Sophia comenzó a sonar desesperadamente. Era una enfermera de un hospital privado que ella conocía muy bien, quien le informaba de un accidente. En ese instante su corazón se sobresaltó, porque sabía que era lo que podía significar.
El corazón de Sophia se aceleró instantáneamente, y la voz de la enfermera taladraba sus oídos como un eco preocupante a través del teléfono. Ella no hizo más que llevarse la mano a la boca para contener un grito de desesperación.
Después de colgar con rapidez, sin dudarlo, Sophia dirigió la mirada hacia la puerta, se levantó con premura y se dirigió a la oficina que estaba al lado de la suya, la cual pertenecía a su jefe, un hombre que había demostrado ser arrogante y despiadado; él se encontraba al otro lado de la sala.
El hombre regordete y calvo estaba atendiendo una llamada telefónica, Sophia, mientras daba golpecitos desesperados con su tacón, se pensó mucho si hablarle o no. Sabía que obtener su permiso para ausentarse sería todo un desafío, pero también sabía que no podía ignorar esa llamada.
—Señor Collins, necesito ausentarme de inmediato. Hay una emergencia en el hospital y me temo que se trata de mi madre —dijo Sophia, con la firmeza de quien no aceptaría un "no" por respuesta.
El jefe se volteó hacia ella con una expresión ceñuda, terminó rápido la llamada que atendía hacía un segundo y la miró con desdén antes de responder.
—¡Sophia, por Dios! Tienes mucho trabajo pendiente. No puedes simplemente dejarlo todo tirado a la basura, la empresa depende de que salga ese trabajo hoy. Además tendrías que redactar un permiso y traer constancias —negó con la cabeza y el ceño fruncido—. No puedes irte solo así o te sanciono... Pensándolo bien, quizá te despido, si es que me pones de peor humor.
Sophia apretó los puños, sintiendo la rabia bullir dentro de ella. No podía permitir que su jefe controlara su vida en ese momento crucial. Respiró profundo y se esforzó para que lo que saliera de su boca no fuera un insulto para ese cerdo sin corazón.
—Señor Collins, es mi deber acudir al hospital. Es una situación de vida o muerte. Si no me permite irme, tomaré medidas drásticas y legales —dijo Sophia, su voz temblando pero llena de determinación.
El jefe gruñó, claramente molesto, pero finalmente cedió ante la insistencia de Sophia.
—Vete de una vez, pero no esperes que esto quede así. Ya hablaremos cuando regreses.
Sin prestar atención a las amenazas veladas de su jefe, Sophia trató de serenarse, tomó su bolso y se dirigió rápidamente hacia la puerta.
En su camino, escuchó murmullos de preocupación y sorpresa de sus compañeros de trabajo. No tenía tiempo para detenerse y explicar, su mente estaba puesta en llegar al hospital lo más pronto posible.
Ya fuera de la empresa no pudo evitarlo y desde esa lejanía levantó su dedo medio con sutileza en dirección a la oficina del señor Collins; no era justa la manera en que la trataba, si ella luchaba por hacer todo el trabajo y nunca faltaba si no era necesario. Además de las extenuantes horas extra no remuneradas por las que muchas veces desatendió al ser que más quería en este mundo.
Tomó el metro que como siempre estaba atascado de gente. En el trayecto, su mente se llenó de pensamientos oscuros y temores incontrolables.
¿Qué había sucedido? ¿Sería que su madre tuvo una recaída de su corazón? Rezaba que no se tratara de algo muy grave.
La incertidumbre la carcomía, pero también sentía una determinación feroz de enfrentar cualquier adversidad que se le presentara. No podía evitar sentir que el corazón se le salía del pecho.
Al llegar al hospital, el cual su madre pagaba con su trabajo. Llegó a la recepción, dio su nombre y apellido y en seguida preguntó por Clara Jones.
—Sí... Su madre y su hermana acaban de accidentarse, está en cuidados intensivos en este momento, necesito que espere los resultados y los detalles del accidente.
—¿Qué? No puede ser, tengo que ir a verlas, dígame a donde ir, se lo imploro.
—No puede verlas en este instante, están en sala de operaciones, necesito que se calme y sea paciente. Espere por allá y la llamaremos.
El sonido de los monitores cardiacos llenaba el ambiente del hospital, creando una sinfonía inquietante que reflejaba la gravedad de la situación.
Sophia se sentó en una incómoda silla de la sala de espera, mientras su corazón latía con fuerza, ansiosa por recibir más detalles sobre el fatídico incidente.
Mientras esperaba, sus oídos captaron la conmoción de las voces que resonaban a su alrededor. De entre ellas, una voz sobresalía por el dolor y la angustia extremos que expresaba.
Un hombre alto y bien parecido, con cabellos rubios oscuros, ligeramente desordenados, estaba en la sala con una expresión de desesperación grabada en su rostro y le hablaba al doctor. Sophia no pudo evitar fijarse en él, a pesar de la devastación que la envolvía.
—¡Por favor, doctor! ¡Dígame que hay algo que puedan hacer! Haré cualquier cosa, lo que sea necesario, pero no puedo perderla —suplicó el hombre con voz temblorosa, sus ojos llenos de lágrimas desesperadas.
El médico, un hombre de rostro sereno pero lleno de preocupación, intentó calmar al hombre mientras le daba aquellas malas noticias.
—Lo siento mucho, señor, la situación es muy grave. Estamos haciendo todo lo posible, pero necesitamos tiempo. Permítanos hacer nuestro trabajo y veremos qué podemos hacer por ella.
Sophia, apenas a unos metros de distancia, no pudo evitar escuchar la angustia en la voz del hombre. Una amalgama de compasión y temor se apoderó de ella mientras observaba su lucha interna.
Sophia pensó que, coincidentemente, los dos tenían a sus seres queridos al borde de la muerte al mismo tiempo.
¿Sería posible que su madre y la familiar de ese hombre, pudieran haber estado en el mismo accidente?