Capítulo IV - El Umbral Que Respira

1123 Words
El amanecer se quedó suspendido, Aldren lo notó al cruzar el ala norte. No fue un pensamiento claro, sino una incomodidad que se instaló primero en el pecho y luego en la mirada. La luz entraba por los ventanales… pero no avanzaba, no cambiaba, permanecía clavada en el mismo ángulo, como si el tiempo hubiera olvidado empujarla. Se detuvo. El murmullo lejano del palacio se desvaneció detrás de él, las antorchas a lo largo del pasillo chisporroteaban con una llama inestable. Una de ellas se encogió sobre sí misma antes de alargarse de nuevo, como si respirara con dificultad. Aldren ladeó apenas la cabeza, su pulso no coincidía con el ritmo del lugar. Giró sobre sus talones, esta vez no dudó, descendió por la escalera en espiral, apoyando la mano en el muro frío para impulsarse. A cada vuelta, el aire cambiaba, perdía temperatura; se volvía más espeso, como si algo invisible se filtrara desde abajo. El último tramo lo recibió con silencio, no había guardias, no había pasos; solo piedra y quietud. Aldren avanzó por el corredor central hasta detenerse frente a la puerta de hierro. Los sellos grabados sobre la superficie latían débilmente, como brasas a punto de extinguirse. Extendió la mano, la magia respondió antes de que la invocara. Subió por su muñeca, tensó los dedos, se acumuló en la palma, los símbolos se encendieron un instante, reaccionando a su presencia. Aldren no pronunció ningún hechizo, empujó. El metal vibró desde dentro, un sonido grave recorrió la puerta, lento, pesado, hasta que las bisagras cedieron con un quejido ahogado. El aire que escapó no era frío, era hueco. Atravesó el umbral. La cámara respiraba. No de forma visible, no como lo haría un ser vivo, pero el espacio parecía expandirse y contraerse en intervalos irregulares, apenas perceptibles, como si algo latiera bajo la piedra. Aldren descendió los escalones. Cada paso caía más fuerte de lo que debería, el eco tardaba demasiado en morir. Se detuvo en el borde del círculo hundido en el suelo, las grietas en la superficie no seguían un patrón natural. Se abrían en líneas torcidas, convergían, se interrumpían… como si hubieran sido forzadas a cerrarse. Aldren se agachó, apoyó la mano, el impacto fue inmediato; un pulso. No en la piel, dentro. Su respiración se cortó un instante, los dedos se tensaron contra la piedra. Oscuridad, no una imagen, sino una presión. Una ausencia de forma que empujaba desde algún lugar al que no podía mirar. Retiró la mano de golpe. El aire volvió a sus pulmones con un tirón áspero. —… —su voz no llegó a formarse. El latido seguía ahí, más lento ahora pero constante, Aldren apoyó la palma otra vez, esta vez con más firmeza. La magia respondió, se filtró hacia abajo, buscando, tocando algo que no ofrecía resistencia… pero tampoco cedía. Las grietas comenzaron a iluminarse, no con su luz con otra, más opaca, más densa. Aldren se puso de pie de inmediato, el resplandor trepó por las paredes. Las líneas se extendieron como venas despertando, dibujando formas que no se mantenían fijas. El aire pesó más, su capa dejó de moverse, ni una corriente, ni un sonido; solo el latido, más rápido. Aldren alzó ambas manos; la energía brotó de sus dedos, envolviéndolos en un azul intenso que no permanecía quieto. Crepitaba. Se deformaba. Tiraba en direcciones opuestas antes de estabilizarse. No le gustó, pero no la contuvo; la dejó crecer. —Aquí no —dijo, bajo. La magia descendió hacia el suelo, chocó contra la g****a. El impacto no produjo sonido, pero el espacio se contrajo igual que si hubiera recibido el golpe. El latido respondió, una vez, dos veces más fuerte. Las paredes crujieron, el suelo vibró bajo sus pies, Aldren apretó los dientes y empujó. La luz se expandió, cubriendo el círculo. Las grietas temblaron y por un instante, pareció que retrocedían. Entonces algo empujó desde el otro lado. No una forma, no un cuerpo; una intención. La resistencia recorrió la magia de Aldren como una corriente contraria. Su brazo se tensó, los músculos marcándose bajo la tela. Retrocedió medio paso, sus botas rasparon la piedra. La presión aumentó, el aire se volvió demasiado denso para respirar con normalidad. Y entonces… un susurro. No llegó desde la g****a, no cruzó el aire; se deslizó directo en su mente. Aldren se quedó inmóvil, el pulso en su cuello golpeó con fuerza. Giró apenas el rostro, como si pudiera localizarlo fuera de sí. Nada, solo la cámara, solo la luz temblando. El susurro volvió, más cerca, más definido. No eran palabras pero había… dirección. Algo en esa presencia no atacaba, no huía; buscaba. La luz en sus manos vaciló, solo un instante pero fue suficiente. El latido se descontroló, las grietas brillaron con más intensidad; el espacio se tensó… y luego—se rompió. Un golpe seco lo lanzó hacia atrás. Su espalda impactó contra el suelo. El aire salió de sus pulmones en un sonido áspero, silencio total. Las luces en las grietas se apagaron, las paredes dejaron de crujir, la cámara volvió a quedarse quieta. Dando la impresión de que nada hubiera ocurrido, Aldren permaneció tendido, mirando el techo. El pecho subía y bajaba, irregular, lentamente, cerró la mano; {a magia respondió, más débil pero más… alineada. Se incorporó, el lugar no había cambiado pero él sí. Bajó la mirada hacia el círculo, no había luz, no había movimiento. Pero la sensación permanecía, como un eco que no se disipaba. Aldren dio un paso atrás, luego otro. No apartó la vista hasta llegar a la puerta. El cielo ya no estaba detenido, pero tampoco era normal. Las nubes se cruzaban en direcciones opuestas, deslizándose unas contra otras sin mezclarse. La luz se filtraba en franjas irregulares, proyectando sombras que cambiaban antes de asentarse. Aldren salió al exterior, el aire se movía pero no traía alivio. Cerró los ojos, la imagen apareció de inmediato. El árbol, las ramas extendiéndose hacia un cielo que no existía; el columpio y la figura. Esta vez, el movimiento era más fuerte. El columpio no se mecía suavemente, oscilaba como si algo lo hubiera empujado; Aldren abrió los ojos, el mundo frente a él parecía demasiado quieto en comparación. Respiró hondo, el aire llenó sus pulmones… pero no calmó nada. Apretó el puño, la magia chispeó entre sus dedos, no se dispersó, se mantuvo. —Entonces ven —murmuró. El viento levantó polvo a su alrededor, las hojas de los árboles cercanos se agitaron con un sonido seco. Y por debajo de todo eso…un murmullo. Leve, persistente. Aldren no retrocedió, se quedó dónde estaba; esperando, porque esta vez…ya no era solo el mundo el que cambiaba. Era él, y no pensaba apartarse.
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