Sylvia
Me daba pena verlo esperando, por la hora, ya que era tarde y él bien podría estar haciendo algo más productivo con su tiempo.
—Señorita Allen, permítame ayudarle con su equipaje —no esperaba que alguien me recogiera y aquí estaba Parker.
—¡Gracias! —exprese, carente de entusiasmo, estaba cansada, solo quería llegar lo más pronto posible al hotel, no objete y lo seguí.
Parker puso mi equipaje en una mercedes negra, abrió la puerta para mí, una vez arriba me pasó mi bolso —¡Buenas noches! Señorita Allen —hizo un ademán de despedida y cerro mi puerta, arranco la camioneta, vi como Parker se quedó allí parado.
Enseguida me llegó una fragancia amaderada —¿Cómo estuvo tu vuelo? —oí una voz, voltee a ver y ahí estaba Devon a mi izquierda.
—Bien —conteste, respire hondo y comencé a ver mi alrededor, enseguida lo notó porque subió la intensidad de la iluminación.
—¿Quieres algo de beber? —me ofreció a la vez que balanceo su vaso.
—Whiskey, ¡por favor! —abrió un compartimiento en medio de nuestros asientos y saco la botella, tardo más en servirlo que yo en vaciarlo de un solo trago. Me vio con asombro, me ofreció la botella —uno es suficiente, gracias.
—Ponte cómoda, el trayecto es de unos 45 minutos —dijo, subió la pantalla que dividía al conductor de los asientos traseros, volvió a bajar la intensidad de la luz y la división que teníamos entre los asientos desapareció, quitándome la seguridad que me brindaba para estar separada de Devon, mi pierna comenzó un impaciente tap, esté sería un camino largo y tortuoso.
Me pasé la mano por el cabello, Devon estiró una mano que puso en mi rodilla para detener el movimiento de mi pierna.
—¡Relájate! —dijo con una semi sonrisa, yo solo me quedé quieta —Hace dos semanas que te espero, ¿qué te tomo tanto tiempo?
—Mi presencia aquí no era necesaria —conteste.
—No hubieras aparecido si no es por el problema de Sion IT —era una afirmación, él se oía molesto.
No respondí, solo asentí —la última vez me aseguraste que no huías de mí, la verdad no lo parece —genial, por qué recuerda cosas innecesarias. —Sabes me decepcionas, pensé que serías más profesional —¡holy sh*it! Fue como una bofetada, qué demonios estaba pasando conmigo, creo que me hizo considerar lo ridículo de mi comportamiento.
—Lo lamento si no te parece, siempre puedes cambiar de asociado, tenemos gente con más experiencia que la mía —eso sería lo mejor si pudiera abandonar este proyecto.
—Estoy seguro, solo quiero dejar algo en claro y es que no voy a cambiarte, necesito que comiences a comportarte como la mujer adulta e inteligente que sé que eres y admiro.
Voltee a verlo a los ojos —¡lo siento!, tienes razón, no estoy cómoda contigo, pero ya no voy a evitarte —¿sería posible no sentirme incómoda con él?, sabiendo que ambos solo deseábamos saltarle al otro a la menor provocación.
Puse las manos en mi regazo y me sentí como niña regañada, Devon se recorrió acortando la distancia, tomó mi mano, la llevo a sus labios y la beso, ese gesto me hizo sentir mariposas inmediatamente, mi cara de sorpresa lo hizo reírse, al escuchar su risa mi tensión se desvaneció, pero mis entrañas las sentía hechas nudos, algo contradictorio.
Retire mi mano, sintiendo como mi cara estaba caliente y seguramente sonrojada, Devon llevo su mano hasta mi barbilla para qué lo mirará, ese pequeño silencio y sus ojos casi grises hicieron perder el ritmo de mi respiración, baje la mirada hasta sus labios y supe que estaba a nada de perder la compostura.
Me besó de forma tierna, solo tomando mis labios con los suyos sin prisa, mi mente estaba girando, el sabor a whiskey en su boca, su olor a madera y cuero envolvieron mis sentidos, una de sus manos estaba detrás de mi cabeza y la otra en mi espalda haciendo que nuestros cuerpos estuvieran imposiblemente cerca, el calor que irradiaba terminaría por derretirme cuál helado.
Me alejé para respirar —Llevo varias semanas sobreviviendo solo con el recuerdo de tus besos y caricias —me dijo, esta vez tomó mi cara con ambas manos estrellando sus labios, dándome un beso demandante y desesperado, siento como muerde mi labio inferior para luego soltarlo y comenzar a dar besos por mi mandíbula para volver a subir a mi boca, percibo como pone una mano bajo mis corvas y la otra en mi espalda para llevarme a su regazo.
Los besos siguen subiendo mi temperatura, su mano sube hasta mi pecho para estrujarlo, lo que me hace gemir y recuerdo que no estamos solos, suelto sus labios —no quiero que nos escuche —y señaló al conductor. Enseguida en un panel a su izquierda pone música, (Two feet best songs).
—¿Mejor? —me dice y vuelve a besarme, me paró para poder subir mi vestido lo suficiente para poder colocar mis piernas a los lados de su regazo, le ayudo a quitarse el sacó para luego llevar mis manos a su cuello y rodearlo con mis brazos y empujar su cabeza más cerca de mí para seguir besándolo, con una mano en mi glúteo y la otra en mi cabello, que lo ayuda a jalar mi cabeza para poder bajar besando mi cuello, sus labios suaves y húmedos bajan dando besos y pequeños mordiscos —¡hueles divino! —afirma para sí mismo y suelta mi cabello, sus manos estrujaban mi trasero, era mi turno de besar su cuello.
Mis caderas empiezan su danza para friccionar mi cuerpo con su ya notoria erección, su respiración aumenta y lleva sus manos a mis caderas —No, quédate quieta —pone su frente en mi hombro tratando de ganar control sobre su deseo, (sonrió) me gusta la reacción que causo en él, beso su cabello y recargo mi cabeza con la suya.