Sylvia Sus brazos y su olor eran reconfortantes, él era ese lazo que tenía con mi pasado, al menos la parte linda de mis recuerdos de infancia. —Te echo de menos — me retiré de su abrazo y me fui a sentar frente a su escritorio. —Yo también, dime, ¿cómo vas con mi encargo? —sonrió. —Siempre al grano, estamos en eso, los chicos están en la dirección que me diste esperando para entrar e instalar todo —se fue a sentar frente a mí en su escritorio. —En cuanto a la información necesito unas horas más para darte todo, pero por lo que hemos encontrado ese bastardo ha trasferido grandes sumas de dinero en varias cuentas en distintos paraísos fiscales, requiero más tiempo para localizar todas sus cuentas —sonreí con algo de malicia, —¿qué pasa?, ¿qué estás tramando? Esa sonrisa no me gusta —

