Tres palabras habían bastado para que Miriam se enamorara perdidamente de Alan: «Tú me importas». Jamás nadie le había dicho tal cosa desde la muerte de su mamá. Lo había conocido cuando iba en tercero de secundaria y él en primer semestre de preparatoria. Poco a poco se fueron conociendo tras eventos y fiestas que se realizaban dentro de la institución; muchas veces habían platicado y Alan le hacía saber que tenía un interés en ella: «Tú me traes loco, no sabes cuánto... ¿Algún día me dirás qué me quieres también?». El chico tenía labia y para una chica que acababa de perder a su madre y su padre no mostraba interés en mantener algún vínculo afectivo, la confundió muchísimo y le hizo pensar que necesitaba de alguien para poder estar bien. Varias citas tuvieron antes de ser novios oficia

