Merh era como cualquier jovencita que vivía sin preocupaciones, aunque claro, siempre teniendo problemas adecuados para su estatus social y su edad.
El destino para Merh le tenía preparado muchos obstáculos, algunos soportables, otros casi irreales, pero para entender un poco porque había terminado recibiendo una bala en el pecho, la cual iba destinada a Elioth, habría que entender la cadena de sucesos, acciones y decisiones que formaban parte de su pasado, el cual albergaba varias respuestas y desataba varios cabos sueltos.
Merh se había involucrado ya con muchas personas, las cuales la acompañarían a lo largo de su etapa de adolescente, etapa importante, -cabe recalcar- y que la llevó hasta ahora.
En la secundaria, parecía ser la misma niñita que todos conocían, pero con la diferencia de que era más sociable. Su secundaria formaba parte de una institución altamente reconocida, pero como era una niña que para nada se inmutaba en prestigios y cosas complicadas, solo se dedicó a vivir en su mundo mientras los demás parecían hacer lo mismo. El primer receso de su primer día en la secundaria, todas las niñas se juntaron, platicaban entre sí de las cosas que vivieron en la primaria, cuatro niñas iban juntas.
Merh se consideraba a sí misma 'extraña'; debido a eso sentía que no era necesario relacionarse y por consecuente sus amistades duraban poco, es alguien que ama su soledad, aunque también le gustaba estar con los pocos amigos que tenía. La única amistad que podría decirse duradera era con una niña llamada Mellissa o como ella la llamaba 'Mell', solían hablar de vez en cuando hasta que se conocieron mejor y comenzaron a juntarse en los recesos. Junto a ellas se agregaban Inymai y Ann. En esta etapa jamás se le cruzó por la mente tener novio o tan siquiera ponerles atención a los chicos, sabía que algunas niñas tenían sus crushes de grados más altos y claro, tenía su propia opinión de cuáles estaban más guapos que otros, pero al final no tenía sentimientos verdaderos por ninguno. Cuando le gustaba a alguien, era tan ciega que no podría saberlo ni de broma; el primer día en segundo grado de secundaria, clase de física: la maestra pidió hacer una lista de firmas de chicos a los que les gustaría conocer. Ella se desplazó por todo el salón y les pidió a casi todos que le firmaran. En eso, se planta en frente de Merh un chico mucho más alto que ella, cabello corto-castaño claro, ojos claros y con una mirada determinada le pide firmar. Una persona normal se sentiría intimidada e incluso atraída, pero para ella fue tan natural que le firmó sin antes preguntar: —¿Yo? —Con voz incrédula como si no mereciera que nadie se le acercara, el chico le contesta que sí con una sonrisa hermosa. Pero ni eso le provocó nada. Al final supo que en realidad ese chico si estaba interesado en ella por propia voz de Jean, nombre del joven. No sabe si lo que sintió fue coraje por no darse cuenta, vergüenza por ser tan torpe o lástima de sí misma. Esos escenarios comparados con la prepa en realidad parecían una burla, puesto que ya no se sentía de la misma forma. Incluso podría asegurar que tenía más confianza en sí misma; después de recordar todo eso, regresaba a la realidad:
Su padre la llevó a la escuela. Eran las seis con cuarenta minutos de la mañana, la depositó en la puerta y ella continúo su camino hasta el salón de clases. El edificio era grande a comparación de sus antiguos institutos, caminó hacia la aglomeración de adolescentes que se saludaban y reían estrepitosamente y ahí se encontró con Poleth, quien también estaba presentado su prueba para entrar a la escuela; les habían hecho un estudio psicológico y de francés para la ubicación de niveles. Platicaron un rato, nada muy interesante, la típica charla que se forma cuando comienzan a llevarse. Al final les asignaron un salón y comenzaron a conocerse.
La primera clase fue matemáticas: un profesor pelón, bastante alto y con semblante serio entró por la puerta.
Comenzó haciendo chistes y presentándose a sí mismo como el señor pelón y panzón que le apasionaban las matemáticas. Los jóvenes reían a carcajadas mientras contaba sus historias y enseñaba de una forma distinta las matemáticas. Es importante aclarar que, gracias a ese profesor, Merh tuvo una gran inclinación por esa materia: pasando de odiarlas hasta querer estudiar una carrera universitaria dedicada al área matemática. El maestro pidió que se presentaran describiendo sus pasatiempos y gustos personales. Adivinarán que Merh dejó muy en claro que le gustaba leer y escuchar música, y como en todas las veces, se debatió si era buena idea decir 'videojuegos' como un pasatiempo, así que lo calló. Merh era de aquellas personas que podían reconocer una personalidad en cuanto la persona empezara a hablar, así es como conoció al grupito de niñas populares, al niño no tan guapo pero que tenía pegue con las niñas, quien desde el primer día quiso hacerse el gracioso y eso no le cayó muy bien. El niño retraído, pero extremadamente guapo de ojos verdes, cabello castaño y hermoso perfil -si, por primera vez, un chico había llamado su atención- y los demás.
Las niñas populares comenzaron a hablarle, preguntando si tenía novio y que cosas esperaba, por supuesto la líder del grupo se jactó de tener un novio guapísimo y mucho más grande que ella, Merh aclaró que no le interesaba nadie, pero en realidad se moría por contarles que aquel dios griego que se sentaba al final de la fila y parecía reflexionar todo el tiempo le atraía, pero como había leído bastantes novelas sabía que nunca debías confiarle tales cosas pues corrías el riesgo de que se lo ligara antes que nadie. Al final su primer día no fue tan malo. En los descansos se juntaba con Poleth y al final esperó a que su padre la recogiera.
En los días siguientes, los alumnos se mezclaron entre salones, pues había un desbalance. Su amiga se cambió voluntariamente junto con Joshua, el niño molesto que quería llamar la atención de cualquier niña y dos más que no conocía aún. A su salón se cambió Luke y su sobrino-primo Dylan, y un joven llamado Louis, el profe les pidió que se presentaran ante la clase. Dylan quería hacerse el gracioso contando chistes, que en realidad para Merh era patético, pero parecía agradarle a la clase. Pero cuando fue el turno de Luke, parecía que le salía bastante natural, se trababa al hablar, decía cosas incoherentes y tenía un acento realmente extraño, haciendo que el salón entero, y algunas veces los maestros se rieran a carcajadas. Al parecer su salón ya tenía al gracioso. Mientras todo eso pasaba: Merh, quien también reía, guardaba su libro El psicoanalista en su mochila, viendo esto el profe se acercó y le comenzó a hacer la plática:
—¡Qué buen libro es el que traes ahí!, ¿Primera vez o lo estás releyendo? —Expresó con alegría, a lo que Merh contestó:
—Ya es la tercera. —Orgullosa de sí misma.
—Ese autor, John Katzenbach, es realmente bueno y su trama es espectacular; creo tiene una segunda parte, no la he leído aún; seguro es genial. —Continúo el profesor
—¡Si, lo sé! Es espectacular como cambia de forma repentina la historia, es realmente uno de mis libros favoritos. —Concluyó Merh.
La clase continúo con normalidad, al finalizar el salón tendría que cambiarse, pues les tocaba innovación tecnológica en el segundo piso. Al comenzar a guardar sus cosas, Luke se acercó de manera torpe, decidiéndose o no si hablarle, y cuando se sintió listo, se instaló enfrente de Merh, mirándola fijamente. Ella se sobresaltó y extrañada lo miró con curiosidad.
—¿Qué quieres? —Preguntando con hostilidad mientras se levantaba de su lugar.
—¿Ese es el libro que dijo el profe?, he querido leer algo estos días... ¿Me lo prestas? —Añadió el chico con cara de querer irse y una voz temblorosa.
—No lo creo, no suelo prestar mis cosas a la gente, y mucho menos mis libros. —Dicho esto, se incorporó y caminó a la puerta del salón dejando al chico perplejo, sin saber que hacer muy bien, se dispuso a salir detrás de ella.
—¿Por qué no? —Dijo gritándole a Merh, quien se volteó abruptamente y contestó casi gritando:
—¡No es no! —Continuando su camino.
Luke sonrió y siguió a sus compañeros. Sin darse cuenta, Merh había provocado un sentimiento en él, cosa que le costaría muy caro.
Si... Aquí definitivamente comienza todo.