Prefacio
Mâcon, Francia
—Última llamada para los pasajeros del vuelo 101 de Euro Airlines con destino a Madrid —habla la chica de voz envidiable por la megafonía del aeropuerto.
Me levanto del asiento y guardo rápidamente el libro que estaba leyendo dentro de mi mochila. Mi familia observa detenidamente cada movimiento que hago y es que había llegado el momento de partir a un nuevo comienzo.
—Mon chéri (querida), cuídate —mi padre fue el primero en acercarse a despedirse de mí.
—Te amo, papi y lo haré —murmuro, mientras lo abrazo fuertemente—. Tienen que cuidarme a mi chiquito, por favor.
—Díselo a tu hermano.
Mi hermano estaba pendiente de su móvil, hasta que se da cuenta de que estábamos hablando de él. —¿Y ahora qué, fea?
—Prométeme que vas a cuidar a Lebron, porque te...
Lebron es nuestro bulldog francés, que requiere de mucha atención, cariño y amor y me da tanto miedo dejarlo en manos del loco de la familia.
—Todo bajo control, Cami —me interrumpe, acercándose—. Te voy a extrañar, rubia.
El menor de la familia me abraza, enrollando sus piernas en mi cuerpo, como siempre ha hecho. Somos muy unidos, como buenos hijos pequeños y consentidos.
—Ya quítate, gordo —lo empujo, ganando que me despeinara el cabello—. Estoy a nada de matarte, petit (pequeño). Recomiendo que te alejes a una distancia considerable, si quieres seguir vivo.
—Regresa pronto— murmura mi hermana, a punto de llorar—. Ya sabes, si Adrien comienza con sus dramas, llámame para gritarle. Recuerda que soy la hermana mayor.
Maud, la mayor de nosotros, casi hace que me caiga al piso con su abrazo. Esto ya debería ser ilegal.
—¡Ayuda! —exclamo, intentando recuperar el equilibrio.
—¿Será que llegó el momento para que vuelvas a casa con algún español? —susurra en mi oído y lo único que sale de mi boca como respuesta es una risa nerviosa, porque entendí su referencia.
Faltaba despedirme de Isabelle, mi madre, que ha estado quejándose de mi partida desde que mi hermano compró los boletos. Yo soy la que siempre está con ella, a pesar de mis estudios e intentos de trabajo. Aunque todo esto, es idea suya, no mía.
—Mamá, quiero ir, pero si lo prefieres, me quedo.
Di que no, di que no. En serio, quiero ir a Madrid.
—Mon trésor (mi tesoro), de que te vas en ese avión, te vas —suelta en el tono de voz que hace que no quieras insistir más. Perfecto—. Te amo tanto y dile a tu hermano que si cree que me olvidé de la ropa que me enviaría, está mal de esa cabezota.
—Vale, mamá. ¡Me voy o me dejan! —agarro mi maleta de mano y empiezo a caminar de espaldas para no dejar de verlos—. ¡Los quiero mucho familia, nos vemos pronto!
Madrid, allá voy.