Inicios de febrero del 2019 —¡Samuel, te llaman! —grito subiendo las escaleras en busca del dueño del móvil, que sonaba y sonaba sin parar. Nuñez sale de mi habitación y me quita el móvil, cerrando la puerta en mi cara. Me sorprendo ante su acción, pero bajo para seguir limpiando la cocina. Luego de unos diez minutos, terminó la limpieza y subo a descansar un rato. Mientras más me acercó a la habitación, los llantos se escuchaban más fuertes. Intento abrir la puerta, pero estaba con seguro y a pesar de mis intentos, era prácticamente imposible que mi novio la abriera. —Ábreme la puerta, Samuel —digo al borde de las lágrimas por escucharlo llorar—. Por favor... No recibo respuestas por lo que insisto en tocar la puerta, hasta que me canso de ello. Me tiro en el piso con la espalda rec

