—Buah —gruño una vez que abro los ojos. Mi cabeza estaba a punto de explotar—. Jesús bendito. —La pastilla está en la mesa —la voz de Erica hace eco en mi cabeza como cien veces. Tengo la resaca de la vida. —Que siga bebiéndose el vino como si fuera agua —bromea Sofi, quién estaba acostada boca abajo a mi lado. Obviamente, se gana una ligera palmada en la espalda—. Hija de la grandísima... —Eh —la detengo—. Mi mamá es una total dama. —¿A quién se le ocurrió la idea de hacer una despedida de soltera? Ah, a mí —canturrea Bea, saliendo del baño. Lanzo la pastilla a mi boca y la paso con mitad del vaso de agua. —¿Van a la piscina? —pregunto al verlas con bikinis. —¿Qué tenés en esa cabecita? —la rubia se levanta y da varios golpes en mi cabeza—. Nos vamos ya. —Ya voy —me pongo mis sand

