Londres, Inglaterra —¿Por qué nunca estás lista a tiempo? —pregunta Erica desde el otro lado de la puerta. —Ya voy, dios mío—me doy una mirada rápida en el espejo del baño y por fin salgo—. Lista, lista. —Gloria a Dios. Mía, nos vamos —la pequeña, que estaba jugando en el piso con sus muñequitas, alza la mirada ante las palabras de su madre. —Io voy con la ia Camz —balbucea, guardando sus cosas en su mochila. Mi cuñada y yo nos miramos, vamos a llorar corazones. —Claro que sí, preciosa. —El taxi está afuera —Bea entra rápidamente a la habitación y nos avisa toda apurada. Menos mal y estamos en el primer piso—. ¡Muévanse pues! Bajamos las escaleras entre risas por los chistes de Mía y Sofía nos esperaba en medio del lobby con los brazos cruzados. Está molesta porque odia salir tarde.

