Marzo de 2019 —¡Samuel Nuñez! —grito bajando las escaleras a toda velocidad. Escucho voces en la cocina y me dirijo allí, de seguro es que está viendo The 100–. Niño, ¿podemos ir a trotar? Hace tiempo no lo hago. Samuel estaba sentado en el sofá con el portátil en las piernas, así que paso mis brazos por sus hombros y dejo un beso en su mejilla. También confirmo mis sospechas, sí estaba mirando su serie favorita. —Camz, son las ocho de la noche. ¿No quieres ir en la mañana? —murmura desganado. Me cruzo de brazos y Samuel sin siquiera mirarme, balbucea maldiciones al aire—. ¿Por qué siempre te sales con la tuya, rubia? Levanto mis hombros inocentemente y rio a carcajadas cuando escucho sus quejidos ante mi malcriadez, mientras subía las escaleras. Thalia se acerca y espera que la haga

