Joon Ho se quedó por un par de minutos más sentado frente a la casa. No había pensado en la posibilidad de que Gian dejara el instituto para que de esa manera no tuviera que enfrentarse a Yoo Chan, pero el consejo de Zuri comenzaba a parecerle razonable, más cuando sabía que situaciones como las de ese día podían llegar a repetirse.
Cuando sintió que sus pensamientos se aclararon, Joon Ho se levantó de las escaleras y regresó adentro de la casa. Al hacerlo encontró a Gian sentado en el sofá, tenía los brazos cruzados sobre su pecho y su mandíbula tensa, lucía como si todo rastro de miedo se hubiera ido y ahora estuviera molesto, algo que Na al principio no entendió, sino hasta que el doncel habló.
—No voy a dejar el instituto solo porque “tu amigo” —hizo comillas con sus dedos en las dos últimas palabras —vino a decir una historia que no quiero escuchar —su respiración era pesada —mi bebé y yo podemos hacer esto.
Na guardó silencio mientras lo escuchaba. Se tomó un momento antes de hablar. No quería llegar a discutir porque Gian no estaba dispuesto a tomar una opción que parecía buena si querían mantener a salvo a su bebé. Sabía que el doncel lo último que deseaba era que su hijo estuviera en peligro, pero parecía demasiado obstinado con la idea de quedarse en el instituto, que antes de dar sus razones por las que debería de hacerlo, ya sabía que no lograría convencerlo.
—¿Estás pensando siquiera en el bebé? —inquirió Joon Ho —creo que Zuri tiene razón. Debería dejarlo.
—No lo haré.
—¡Hoy Yoo Chan pudo…!
Joon Ho cerró los ojos y respiró profundo, recordándose que mucho menos iba a convencer a Gian de ceder si lo gritaba.
—Gian, sabes que tanto Zuri como yo tenemos razón.
La mandíbula de Gian se tensó más y sus labios se apretaron entre sí y miró a Joon Ho.
—¿Qué habría pasado si yo no llegaba? ¿Le habrías suplicado a Yoo Chan que se detuviera como lo hiciste conmigo?
Gian lo observó en silencio. Sabía que no lo habría hecho, porque simplemente Yoo Chan lo odiaba por existir y, si no lo había matado, se debía a que era un delito y no quería enfrentar las consecuencias.
—Pero no sucedió nada —apartó la mirada.
—Gian, no seas obstinado. Si tanto dices que te importa nuestro hijo, deberías…
—Mi hijo —corrigió.
Joon Ho cerró los ojos y volvió a respirar profundo en un intento de controlarse. Sabía que esa conversación no iba a llegar a ningún lado, porque Gian se rehusaba a escucharlo y parecía ya haber tomado la decisión con respecto a sus estudios. Algo en lo que Na no opinaría si de eso no dependiera la seguridad de su hijo, que era un asunto que les concernía a los dos.
—Nuestro hijo —dijo con firmeza.
La idea de ser padre no era algo que le hiciera feliz, pero poco a poco había comenzado a aceptarla y, en ese día sentía que debía recordarle a Gian que el bebé también era su hijo.
—Mi hijo —el doncel hizo énfasis en esas dos palabras y miró a Joon Ho —vamos a divorciarnos, Joon Ho —informó —cuando cumpla la mayoría de edad, no te quiero en mi vida ni en la de mi hijo.
Tal vez debería de sentirse feliz al escuchar a Gian decir que quería divorciarse, pero en ese momento la idea no le gustó tanto, más cuando mencionaba como si nada que lo quería sacar de la vida del bebé, como si él no fuera el otro papá.
Joon Ho no entendía la razón por la que Gian estaba haciéndolo sentir frustrado con cada cosa que decía en esa tarde.
—El bebé también es mío —le recordó.
—¿Estás seguro de eso?
El tono usado por Gian y por la manera en que lo miraba, parecía estarse burlando de él.
—No le mentí a tu madre cuando le dije que mi bebé no es tuyo.
El rostro del doncel se volvió serio. Cruzó una pierna sobre la otra y sus manos apretaron su ropa.
—¿Qué? —dijo cuando la mirada de Joon Ho pareció llenarse de enojo —¡maldición! —sonrió —¡tenía que encontrar una manera de que no me golpearas!
Los labios del doncel temblaron cuando terminó de hablar. No se sentía bien mentir. Incluso si sus palabras parecían estar afectando a Joon Ho y, sabía que estas podían jugarle en contra si este se enojaba y buscaba lastimarlo, sin embargo, creía que le iba a gustar más saber que no estaría obligado en el futuro a quedarse a su lado ni a formar parte de la vida de su hijo.
Gian había aceptado la idea de criar solo a su bebé, después de todo, tenía los medios para hacerlo sin necesitar la ayuda del otro papá. Aunque cuando pensaba en que tal vez cuando creciera su hijo iba a querer saber quién era su otro padre, su decisión comenzaba a flaquear, no obstante, a pesar de eso, sentía que lo mejor era criarlo solo.
—Si no soy yo —dijo Joon Ho en un tono casi sarcástico —¿entonces quién es?
Gian lo observó por un momento. No había esperado esa pregunta, sin embargo, una respuesta apareció rápido en su mente.
—Do Jang.
El nombre salió de sus labios con seguridad, que hasta casi él se creyó que era verdad.
Gian sabía que no era correcto involucrarlo en sus problemas, pero en ese momento por su cabeza no pasó otro nombre, además, era una de las pocas personas con las que era cercano en el instituto, lo que haría su mentira creíble. Aunque mientras más lo pensaba, sentía que debió decir un nombre al azar, después de todo, Joon Ho no tenía que saber que se lo inventó, no obstante, ya era muy tarde para eso.
—¿Estás seguro? —había diversión en su voz.
Joon Ho caminó lentamente hacia Gian, viendo como este parecía incomodarse con cada paso que daba, pero eso no evitó que cuando se detuvo se inclinara sobre él, con una mano apoyándose en el sofá.
—¿O es que ni siquiera tú sabes de quién es tu hijo? ¿Si de él o mío?
—Estoy seguro de que no es tuyo.
A pesar de su cercanía, Gian sintió que Joon Ho no era un peligro en ese momento y, que no se convertiría en uno por mucho de que lo que él dijera no le gustara.
—¿Sabes, Gian?
Joon Ho sonrió y se dejó caer en el sofá, a un lado del doncel.
—No voy a hacerlo, no te daré el divorcio.
—Si no lo haces voy a hacer lo que no hice hace tiempo —amenazó —te denunciaré por violación.
—¿Con qué pruebas? —preguntó burlón —el bebé no es mío y, noticia, estamos casados, el sexo es normal entre las personas casadas —dijo encogiéndose de hombros.
Gian se sintió frustrado con la respuesta de Joon Ho. Porque no podía decirle que la prueba sería su bebé, que fue concebido antes de que se casaran, ya que, si quería convencerlo de que no era su hijo y que por eso debían divorciarse, su bebé no podía ser la prueba de lo que le hizo.
—Cuando tengas una respuesta de cómo harás para acusarme, me la dices, estaré ansioso por escucharla.
Joon Ho tomó el mentón de Gian para que no se alejara cuando se inclinó hacia él y besó su mejilla.
—Buenas tardes, esposo.
Joon Ho sabía que su tranquilidad con respecto a las mentiras dichas por Gian, era algo inusual, pero no le prestó mayor atención luego de dirigirse a su habitación. Se dejó caer en la cama y, antes de que se diera cuenta, ya se había dormido.
Gian estaba sentado frente a al espejo. Su rostro apenas era iluminado por la luz de las velas, que parecía que en cualquier momento dejarían en penumbras la alcoba, lo que le daba una sensación de mayor intimidad. Su mirada no pudo apartarse de la persona detrás de él, que con algo de torpeza estaba colocando en su cabello una peineta blanca.
—¿Por qué siempre me regalas peinetas? —inquirió en un tono suave.
— A los donceles les gusta los regalos.
—Te aseguro que no solo nos gustan las peinetas como regalos.
Sonrió amplio cuando vio el ceño de su esposo fruncirse, como si hubiera empezado a tener un dilema sobre si había hecho bien en comprarle una peineta.
—Pero a mí me gusta que pienses en mí cuando vez una peineta.
Algo que parecía que ocurría cada vez que iba solo al pueblo, porque Gian estaba seguro de que ahora tenía una colección de peinetas que no las podía usar todas, porque su esposo siempre le estaba regalando más y más, y, como había dicho, amaba eso, porque sabía que siempre estaba pensando en él.