¡Sábado por fin!!!, si pudiera decir que es lo que más me gusta de los, diría que es porque no tengo que ver al ogro y nada que tenga que ver con él, y pues de toda la empresa, solo dos personas hacen mis días de trabajo más llevadero, y, lo malo es que Hanna pasará dentro de 2 semanas a ser la secretaria y asistente de vicepresidencia, de la cual está a cargo el señor Harrison, Martín Harrison, quien es primo lejano de la bruja, y debo decir que es una buena persona.
Pese al parentesco con la bruja
La verdad es que Hanna me hará mucha falta, y es porque ya me acostumbre a ella, y ahora, pues estará un piso abajo, se ha convertido en una buena amiga y aguantar al ogro con ella es fácil, pero me alegro por ella en realidad, ya que no aguantará más los gritos del viejo loco.
En fin, es sábado y el cuerpo lo sabe, así que a dejar el trabajo afuera.
Me doy una ducha rápida, ya que mi estómago no para de gruñir, me visto con un vestido gris, que extrañamente es de dos piezas, pero me gusta, fue regalo de cumpleaños de parte de Sara el año pasado.
Desayuno cereal con leche, ya que no quiero cocinar, he decidido holgazanear todo el día, nada más. Seremos mi cama, tal vez una película y yo. O al menos ese es mi plan hasta que Sara hace su aparición con su nombre en mi teléfono.
—Huelga, oye, acabas de interrumpir el romance entre mi estómago y mi cereal, espero que tengas un buen motivo...
—Sam, Cindy... No para de llorar y no sé qué hacer, creo que tiene fiebre.— dice con voz temblorosa
—Voy para allá— digo y salgo corriendo, en este momento desearía poder tener a mi bebé, rápida el auto
Hace 1 mes aproximadamente, Cindy llegó a nuestras vidas, ¿cómo?, pues Rebeca, la media hermana de Sara (y con la cual nunca me he llevado bien), llegó al apartamento de Sara, con la excusa que le diera donde quedarse una semana en lo que ella empezaba a trabajar, alegando que su familia le había rechazado a ella y a Cindy, quien en ese momento solo tenía 1 semana, la cosa fue que... Mientras Sara dormía, ella se largó y no ha regresado todavía.
Así que cada vez que tengo tiempo le ayudó a Sara con Cindy, le he tomado mucho cariño y pues ella no tiene la culpa de la clase de madre que le tocó tener.
Llego al apartamento de Sara y llamo al elevador, pero porque... ¿Por qué se tarda tanto?
Subo corriendo las escaleras y al llegar a la puerta de Sara empiezo a tocar como loca, Sara abre con Cindy en brazos y sí, se nota que la niña ha llorado mucho.
Sara está alterada y sus manos muy temblorosas, y la verdad la entiendo, nunca hemos tenido un ser tan chiquito a cargo y el que esté mal de salud lo hace peor.
Tomo a Cindy de los brazos de Sara y puesto que ella tiene una maletita en el hombro, creo que con las cosas que necesitamos para Cindy, estamos listas para irnos, la halo fuera del apartamento y bajamos a la portería, llamamos un taxi y en cinco minutos llega, damos la dirección del hospital HCS (hospital central save), y al llegar entramos por la puerta de emergencias, atienden rápido a Cindy, esperamos en la sala de espera y siento una enorme impaciencia.
— ¿cómo esta?, es una bebé, porque no me dejaron entrar con ella?, traía mucha fiebre Sam — dice Sara con voz quebrada rompiendo el silencio.
— Yo... tengo fe que ella va a estar bien, hay que calmarnos, ¿sí? — digo tratando de sonar calmada, aunque por dentro, me estoy muriendo de miedo.
Tal vez sea solo un mes en el que Cindy, Sara y yo llevamos conviviendo, pero nos hemos vuelto los tres mosqueteros.
Vemos las puertas abrirse a los 30 minutos y una enfermera nos informa que dentro de unos minutos le asignan un cuarto a nuestra niña y que para mientras el doctor quiere hablar con el responsable a cargo, nos miramos con Sara y pues como si tuviéramos telepatía, asentimos en respuesta a la otra.
?
Camino por el pasillo y ya tres filas de asientos atrás que siento que las personas me miran con reprobación, me revisó instintivamente y empiezo a sentir un mal olor a un costado de mi vestido y..., entró corriendo al primer baño que encuentro,
Vaya regalo Cindy... ¡Gracias!
No siempre que se te queden viendo así, es envidia
Me quito el vestido cerca del lavamanos, y busco papel,
Ay, qué suerte, si hay dentro de uno de los cubículos,
Increíble, siendo un hospital privado y no hay papel, tendré que hablar con mi madre... No, mejor lo olvido. Salgo del cubículo aún en ropa interior, puesto que el vestido lo he dejado en el lavamanos, cuando escucho la puerta abrirse rápidamente dirijo la mirada y...
Me muero de la vergüenza, mis mejillas están a punto de estallar y el hombre que entró se ha quedado estático... ¿Viéndome?
Pervertido
Me cubro como puedo con la parte de la falda del vestido aún sucio y lo escuchó aclararse la garganta.
— ¿Pero qué hace ahí parado? No mire, como se atreve a entrar al baño de mujeres, pervertido, — exclamó con toda la furia que puedo recolectar, ya que, por más que quiera parecer la víctima, y hacerme la ofendida, no puedo si mientras le reclamo, me lo como con la mirada.
Y no es por excusarme, pero, está como quiere.
Tiene el cabello oscuro, su piel es clara, y ese... ese cuerpo que se le marca bajo la bata...
Así que... ¿Eres doctor, corazón?
Sin poderlo evitar, mis ojos viajan a los suyos y…
Ya, ahora sí que me perdí
Un azul claro y esa profunda mirada que hipnotiza...
—¿Te gusta lo que ves?
Tenía que hablar, y lo peor, usar esa frase cliché.
La cagaste con tu boca bebé, y si, me encanta lo que veo fíjate.
— ¿no, solo memorizó la cara del pervertido, del cual pondré una queja en la dirección del hospital, dime a ti te gusta eso ah? — digo con molestia.
¿Él sonríe de lado y…? ¿Por qué sonríe?
— sí, a mí sí me gusta lo que veo — contesta mientras me recorre con la mirada, descaradamente.
— ¿y es más fácil, que yo ponga una queja, — continúa él — ya que este es el baño de hombres, escuchó?, el cual solo pueden utilizar personal MASCULINO del hospital—
Pero...
Abro la boca para contestar, pero sé que podría tener razón, ya que solo entré al primer baño que encontré cerca, y sé que nada coherente saldría de mi boca ahora.
—Veo que se quedó muda— dice con burla, mientras sonríe.
Qué bonita sonrisa, muy linda y...
Basta Sam, es un pervertido, no lo conoces, ... Aunque... puedes cerrar con seguro el baño y...
No, no y no, basta
Por algún motivo, parece como si lo hubiera visto antes. ¿Pero adónde?
¿Qué hago? ¡Qué pena! ¿Y ahora qué hago?
Como toda persona rebosante de dignidad y con la frente no tan en alto, corro hacia uno de los cubículos,
Rayos, este no es el que tenía papel.
Me asomo y lo veo parado en el mismo lugar con una sexy sonrisa de burla
Desgraciado
Salgo y corro hacia el cubículo que tenía papel, todo bajo su atenta mirada,
Lo escuché carcajearse y aunque me agrada ese sonido, sé que se burla de mí, así que lo odio.
Tomo lo más que puedo de papel y limpio la parte sucia del vestido, tratando de no embarrarlo más, sé que el pervertido sigue afuera porque dice:
— Oye, puedes salir a terminar lo que estabas haciendo, no es algo que no haya visto antes— dice con burla
Patán hijo de su… ¡Ash! ¡Qué persona más frustrante!
—Te aseguró, idiota, que lo mío no lo has visto antes— le grito colérica, ahora sí que ya me molestó.
— ¿Eres hombre acaso? — dice en el mismo tono
—No, idiota, por eso lo digo— su sonrisa cesa
Lo que pasa a continuación es muy rápido, el retrógrado pervertido abre la puerta del cubículo y entra, me observa con una mirada indescriptible y me dice:
—Podemos solucionarlo— dice
Lo empujo alejándome y ese inadaptado pone una mueca divertida
—Pero ni en mis más bajas pesadillas — Aclaro. Me termino de subir el vestido y salgo con toda la dignidad que tengo.
Pero si ya la perdiste toda — dice mi subconsciente
Gracias al cielo no hay nadie cerca, o si no, mi subconsciente tendría razón.
¡Qué tipo más molestó!
Ni me conoce y se porta así, en serio tiene que ser un patán. Gracias al cielo no lo volveré a ver, o al menos eso espero.
"Pero si hace ratos lo querías encerrar en el baño" — dice mi tonto subconsciente.
—¡Cállate! Se supone que estás de mi lado— le digo
"Sí, y tú quieres estar a su lado"— de burla esa molesta voz.
Callo mi subconsciente y me dirijo al cuarto de Cindy, Sara ya debe estar ahí.
—Hola, ¿cómo está mi princesa?— digo mientras entro en el cuarto de Cindy.
—Ella ya está mejor — dice Sara sonriendo débilmente, —. Yo... Debo agradecerle a tu mamá, gracias a ella la cuenta está saldada — dice.
He aquí la otra parte de la historia, mi mamá es la dueña y fundadora de HCS, desde muy joven se interesó en la medicina, así que puso su propio consultorio, con el tiempo se fue haciendo más famoso por la buena atención al paciente, y así fue creciendo, así conoció a papá, cuando él empezaba su carrera de piloto, en una de sus prácticas de aviación, tuvo un pequeño accidente, pudo perder la vida, tuvo muchos golpes en todo el cuerpo, y mi madre fue quién lo atendió.
Ella quería que yo estudiara medicina y luego tomara la dirección del hospital, pero mi sueño no era ese.
—Sí, bueno, podíamos pagar la cuenta igual, ¿no?
Sara me mira con reproche y dice:
—Sabes que no tiene tarjeta del hospital. Así pudiéramos pagarla, sin la tarjeta no le hubieran dado prioridad— Masculla cabizbaja.
—Okay, está bien. Si quieres ir tú, yo me quedó con Cindy. — Sugiero y ella rueda los ojos. Ese gesto solo significa que me va a intentar persuadir para que hable con mamá.
—Deberías arreglar las cosas con ella. No fue una discusión tan grave, y sabes que el orgullo es malo.
Sé que tiene razón, pero... No me siento lista
—Bueno, es tu decisión —Se encoge de hombros al ver que no me muevo.
Sara sale del cuarto,
—Cindy, tu tía está loca, pero a veces es un poco sabía —le digo a la bebé, quien permanece dormida en su camilla adaptada.
La puerta se vuelve a abrir, sobresaltando un poco a Cindy.
La calmo para que se vuelva a dormir.
—¿Tan rápido fuiste? ¿O se te olvidó algo? Siempre tengo que estar pendiente de todo porque a ti todo se te olvida. Ahí donde la ves, Cindy, una vez casi te deja olvidada en el supermercado. Le tuve que recordar que había dejado tu carrito a un lado de la caja —mascullo sin voltear.
—Aparte de acosadora y pervertida, ¿Ahora también le metes cizaña a una bebé mientras duerme, señorita anormal?— rezonga una voz, horriblemente recién conocida. Ahí sí volteo y veo al sexy doctor pervertido.
—¡Ja! ¿Acosadora? ¿Quién es el que entró al baño de repente y ahora está aquí? Como si me estuviera siguiendo.
—El baño al que entraste, princesa, era el de hombres, y estoy aquí porque mi colega me pidió hacer la ronda nocturna por él— dice con voz obvia.
Lo fulmino con la mirada.
—Te prohíbo que me digas así.
—Entonces eres el ogro de la historia —dice acercándose
—Puedo ser tu peor pesadilla —reto, mientras me levantó de la silla al costado de la camilla.
"O el mejor sueño" — dice mi subconsciente.
—Y mi mejor sueño— dice también el pervertido en un susurro.
Cómplices
Se acerca peligrosamente. Mientras susurra eso
—¡Ja! Ni en esta vida, ni en la otra. Te lo aseguro —espeto de la misma manera, alejándome de la tentación.
Porque... ¡Qué labios!
Céntrate, Sam.
—¿Y si me das tu número y lo averiguamos? —corta un poco más de distancia, de forma seductora.
—¿Y si mejor no? — contesto indiferente — ¿No debería ir a ver las otras habitaciones?.—pregunto.
—Esta era la última — Un poco más, un solo paso más y de nuevo se me viene la idea a la mente de que ya lo he visto antes.
Por un insignificante momento conectó mi mirada a sus hermosos ojos azules y pareciera que a él le pasa lo mismo que a mí. Frunce un poco su entrecejo y ladea su rostro.
—¿Te he visto antes? — preguntamos al unísono,
Su sonrisa maliciosa aparece de nuevo. Un fuerte arrepentimiento me inunda al momento. Aquello realza su tonto ego.
—¿Sabes qué? Olvídalo — lo detengo, a sabiendas de lo que dirá —. Antes de que te lance el pañal sucio de la bebé, mejor no contestes.
Hace un mohín.
—Iba a decir que también te me haces familiar. No es broma y tampoco lo digo para ligarte. —aclara.
Digamos que te creo, corazón
—Pero volviendo a lo de tu número— continúa y yo ruedo los ojos.
Ni lo sueñes.
Casi empezaba a creer que él podía llegar a ser una persona seria. Tan siquiera fingir que es una.
Me alejó de él y camino hacia la entrada del cuarto
—Espera — me detiene —. Al menos dime tu nombre, acosadora de doctores sexis.
¿Qué dijo?
—¡Ja! ¿Tú crees que eres sexy? — exclamo con risa seca y socarrona.
Lo más perjudicial de todo es que tiene razón. Está como quiere y se cae de bueno. Sin embargo, cuando abre su boca solo salen sapos y puras babosadas.
—Por supuesto, tu cara me lo dice todo —se aparta para dejar el expediente a un lado y volver a acercarse con más cautela —. Te haces la dura porque te da miedo de que vuelvan a lastimarte. Dime una cosa ¿Cómo se llama el imbécil?
—¿Disculpa?
—Está más que claro que esa es la causa de tu reticencia.
Claro que no... bueno, tal vez sí
Me lleva ¿Tan obvia soy?
—Eres, por mucho, el ser más narcisista y atrevido que he visto. Ni siquiera me conoces. Si me desagradas es porque ni siquiera te conozco más allá del espantoso incidente de hace rato.
—Si me lo permitieras, lo haría.
Aja, sí, sigamos negociando. Tal vez en otra dimensión, cariño.
—¿Qué dices? — pregunta mientras se acerca más
Que sí.
—No tienes tanta suerte —digo, pero instintivamente me acerco, siguiéndole el juego.
No tengo el control de mi cuerpo, a decir verdad. Algo en él me atrae de maneras exorbitantes.
—Tú crees — se acerca y esta es, por mucho, una distancia peligrosa. Lo peor de todo es que mi cuerpo no puede, o no quiere, alejarse.
Mis ojos se concentran en los de él y en su azul profundo. Pronto su mirada baja a mis labios y no puedo evitar hacer lo mismo. Una vez más, su mirada se clava en la mía como si pidiera permiso para proceder y ¡Rayos! Hice contacto visual permisivo. Adiós buen amigo, criterio.
Houston tenemos un problema... Houston tenemos un problema
Mi alarma interna no funciona.
No hay nada que hacer, mi cuerpo y mi cabeza se desconectan y cuando el doctor guapo está a punto de conectar sus labios con los míos...