CAPÍTULO 3
6:00 am
—Señoritas, Sara Prince y Samantha Robin. —
Nos levantamos, apenas el oficial nos llama, y... Hay que decir que se nota a simple vista lo mucho que entrena ese cuerpo porque...
¡Ya basta! Me estoy contagiando de Sara y eso no es muy alentador.
El sueño es insoportable a estas alturas y los nervios que me cargo no ayudan en nada a mi buen criterio, pareciera que salí de una de las películas de “Resident evil" y si por puro milagro, consigo el empleo, pasaré a "Soy leyenda" en tiempo récord.
—¿Nos podemos ir? —pregunto un poco insegura y con miedo a que diga que no, y que la denuncia fue impuesta.
—Sí, no se levantaron cargos por agresión —dice mirando a mi amiga.
—¿Qué? —dice aparentemente indignada —pero si fueron esas tipas las que empecé... —exclama y el oficial la mira mal.
—¿Sara — la interrumpo —mi entrevista, recuerdas? —digo para que no lo complique más, a lo cual asiente.
Comenzamos a caminar por el pasillo, mientras Sara balbucea algo entre dientes, algo que no logro entender, pero que conociendo a Sara, no es muy halagador para el oficial, que nos sigue dos pasos atrás.
El oficial nos indica el procedimiento para poder irnos, firmamos unos benditos papeles y al fin libres, son las 6:30 AM, tengo que correr o más bien volar, y si fuera posible, teletransportarme cuál Goku para poder llegar a tiempo y de manera decente a la entrevista a WPI.
Tiro de Sara, la cual no tiene mejor cara que yo, y... ¿Cómo no? Teniendo en cuenta todo lo que bebió hace unas horas.
Pero pues, aun así, es sorprendente la tolerancia que le tiene al alcohol, ya que por más sueño bien disimulado que tuvo, no cayó inconsciente en toda la madrugada o por lo menos, lo que duró nuestra estadía, premium de luxe en la celda suite de la comisaría.
Salimos ¡Al fin! Y antes de parar un taxi, unas miradas un poco profundas, llaman nuestra atención, y digo nuestra porque Sara voltea al mismo tiempo que yo. Casi no los reconocemos porque las ventanas de su fino auto son semi polarizadas, pero al parecer son... Son... ¿Los protagonistas de nuestra travesía de anoche? Su rostro no se distingue con claridad, pero aun sin tanto esfuerzo, reconocería ese vestido con lentejuelas azul que se logra colar aún a través de las ventanas.
Lo más seguro, fulminando para sus adentros a "la abusiva descarada" y su "demente amiga", o sea, yo
En las que me metes, Sara.
—¿Traes para el taxi? — le pregunto a Sara, asiente y paramos un taxi, le damos la dirección de Sara, ya que ahí me alistaré para ir a la entrevista.
Sara tiene su propio negocio, un salón de belleza, el cual, debo decir, es un rotundo éxito, hasta ya tiene planeado abrir más locales en el país.
A pesar de ser de una familia adinerada, Sara abrió su negocio con ahorros propios, desde siempre ha sido una persona luchadora y humilde, aunque en ocasiones es demasiado inmadura... Por ejemplo, ayer y lo que va de hoy... Y lo que va de su vida...
En fin.
Gracias al cielo, el taxista va a una velocidad conveniente, pero sin llegar a ser peligroso o ilegal.
Llegamos al apartamento de Sara a las 7:10 am, el cual queda en el piso 5. Sara vive en un conjunto de apartamentos muy espaciosos, pero sin rayar en lo obsceno, muy bonitos, para ser sincera. Quería alquilar aquí, pero mi presupuesto actual no me lo permite y ni loca iría donde mi madre, quiero demostrarle que puedo ser independiente y eso haré.
—Bien, boba, ve a ducharte, alistaré la ropa y toda la artillería —dice, mientras me empuja al cuarto de baño.
Me vi en el espejo del baño y definitivamente daba asco. Me duché lo más rápido que pude, lo normal que me tardo en bañarme son 45 minutos, pero, ahora, lo hice en un tiempo récord extremo de 15 minutos. Increíble ¿No? Ahora,
y juro que me duché bien.
Salí del baño y vi ya listo sobre la cama de Sara, el conjunto de ropa que usaría hoy, era muy formal y elegante, y para nada aburrido. Consistía en una falda tubo negra, 2 cm sobre la rodilla, camisa a botones, manga larga blanca y un saco n***o y... Esos zapatos... Eran hermosos. Sara y su buen gusto para la moda, plataforma 5 cm, cerrados, color n***o, sencillos pero hermosos.
Terminé de cambiarme y esperé a que Sara hiciera su magia con el maquillaje, de paso también con mi cabello, el cual parecía tener una malévola mente propia. Nada que ver como el de mi mejor amiga; rubio, ondulado y manejable, o como el de mi madre, un liso perfecto, aunque siempre y desde que tengo memoria, corto por encima de los hombros, y n***o como el carbón.
En fin, mi cabello pareciera odiarme, como si hubiera querido pertenecer a alguien más, y como fue a mí, me hacía pasar vergüenza.
Luego de 10 minutos estaba lista, mi ojo parecía estar bien, como si el puñetazo que recibió anoche fuera solo una alucinación, dolía, pero no como para llorar y pues gracias a Sara mi cabello se estaba comportando; caía suelto por mis brazos. Sara era un genio, la verdad no parecía yo.
Debí tomar un antes y un después en la foto, parecía dos personas diferentes, y la verdad es que no me arreglaba casi nada y menos ahora que estaba de interciclo de la universidad.
—Amiga, te ves genial —dijo Sara con una voz de orgullo. ¿Exageraba? Pues creo que no, porque literalmente me había cambiado de sapo a... A plebeya.
La sinceridad, sobre todo.
—Imagínate y tu jefe es de esos galanes que salen en los libros que leemos y con un cuerpo que... —la interrumpí.
¿Qué lee ella?
—Sara, basta. No lo creo —digo sonriendo —Y si es así, seguro y está casado, con hijos y un perro... o a lo mejor, un gato.
O los dos.
—Tienes razón —bufa —hasta ese sexy hombre de anoche tenía pareja. ¿Por qué no fui hombre? —se queja viendo al vacío con aparente desilusión.
Si bueno... Ella no es normal.
La verdad es que sí, era sexy el tipo, pero, no lo voy a admitir frente a ella.
No era para tanto, al menos para mí.
Son las 8:00AM, desayuno algo rápido en casa de Sara, tomo un taxi y doy la dirección de White Publisher Inc.
Llego a la empresa faltando 5 minutos a la hora, me acerco a recepción y una chica alta, morena y ojos avellana, me mira de arriba hacia abajo con superioridad.
Me dice con desdén:
—¿Qué quiere? —pregunta con mala cara. ¿Así recibe a todo el mundo? Me sorprende que no la hayan despedido o que nadie se haya quejado por él" buen" recibimiento que da esta chica.
—Vengo para la entrevista de asistente de presidencia —digo, aclamando paciencia.
—Un momento —dice, rodando los ojos. Nota mental: "No hacerse amiga de la recepcionista"—puede pasar, piso 50 —me indica
—Gracias —digo con el mismo tono que ella usó antes.
Tomo el ascensor y marco el piso 50, bajo cuando las puertas se abren, dejando ver al final del pasillo un escritorio muy bonito y ordenado; en este piso solo hay dos pares de puertas dobles, una según su descripción es la sala de juntas, la otra tiene que ser presidencia.
Me acerco al escritorio de una chica pelirroja, ojos claros, piel blanca y de rostro muy amable, al parecer la secretaria de presidencia.
— Hola, bienvenida a White Publisher inc. ¿Samantha Robin? —pregunta amable, nada que ver con la morena de recepción, asiento y me invita a pasar a la oficina del presidente, ya que al parecer, él mismo quiere entrevistar a su futura asistente, le doy las gracias y me acerco a la entrada de la oficina.
Aquí vamos...
Doy dos toques a la puerta y escuchó un "adelante" algo escueto.
Entró y es ahí cuando lo veo... Es... Es...
La decepción vuelto hombre,
Vaya... No puedo creer que por un momento me dejé llevar por el lado cliché de Sara.
Sara verde, poco cabello, lo poco que queda dice que fue n***o, como de 50 años y... Y mejor ya no sigo o voy a llorar.
Por un momento llegué a pensar en ese jefe guapo de novela y que por lo menos, y a lo mucho, le daría gusto a la vista, y sí; solo a la vista, porque de aventada no tengo ni el nombre. Sí
Creo que mejor me voy olvidando.