Daniel — ¿¡Estás loco!? —exclamé, mirando al hombre al que durante tantos años llamé papá. — No veo por qué, Christian. Tú estás a cargo del Save. Ella puede hacerse cargo de la empresa durante este mes. Además... — ¡No! Esto tiene alguna trampa incluida —dije, levantándome y tomando un sorbo de vodka. Conociendo a mi padre, seguro lo hace para luego humillarla. Pero a ella no le hará lo mismo. — Ella conoce la empresa. Estuvo en las juntas, en las negociaciones, supervisaba cada área para los informes que yo exigía. — Lo sé. Es la mejor. — No estoy de acuerdo, pero al final es su decisión —respondí. — Aún no estoy de acuerdo con tu decisión... — Nunca me ha importado si lo estás o no —lo interrumpí. — Bien, pero tú no te fuiste por eso, y sabemos por qué no no

