T R E S

1863 Words
—Abrázame, Emylie —sus manos se aferraron a mí y no sé por qué lo hice, pero aligeré mi agarré. Mis manos débilmente todavía lo sostenían, sin embargo, mi mente se nubló por sus palabras—. Y por favor, no me sueltes, promete que no lo harás. Traspasé saliva, mientras me aferré a su pecho y me dispuse a responder. —Me estoy aferrando a ti, Amaru. Sus manos luego de varios minutos me apartaron, sus ojos me observaron con detenimiento y por primera vez en todo nuestro tiempo juntos me siento incómoda por su atenta mirada. Por esa mirada intensa que se había vuelto costumbre para mí. Mi pecho se hunde ante el hecho de que nos encontrábamos uno frente al otro y es inevitable no vernos con claridad. Quizás me hallo roja, quizás notó mi incomodidad involuntaria, quizás… su mano se fue levantando con suma lentitud en mi dirección y yo contuve la respiración sin atreverme a mover ni un músculo, cerré mis ojos con fuerza al momento en que el rostro de Amaru se fue aproximando al mío. Volví a abrirlos únicamente en el tiempo en que sentí el tacto de su palma contra mi mejilla izquierda y la calidez de su respiración a mi derecha, a tan solo milímetros de distancia. —Emylie —susurró contra mi oreja y mi cuerpo se estremeció en respuesta. Amaru apartó su mano de mi rostro y viajó hacia la mía para entrelazarlas a la altura de nuestras cinturas. Observé nuestras manos unidas, embelesada y luego miré su rostro cuando nuevamente su voz me llegó. —Tú eres lo único preciado en mi vida —declaró en un hilo de voz, como si le costará pronunciar aquellas palabras. —Tú también, eres preciado para mí —respondí con una sonrisa. Amaru me devolvió la sonrisa, pero había falsedad en su gesto. Su tristeza, quería ocultarla de mí, fue cruelmente indudable. —Tengo algo para ti —reveló. —¿Es así? —inquirí nuevamente con una sonrisa, pero esta vez no es genuina, compartimos ese detalle. —Vamos. Me extendió su mano y sin dudarlo, la tomé. ... —Silene tomentosa —mencioné sorprendida, cuando nos hayamos frente a un campo de flores que conozco bien. Me incliné para tocar una de las flores frente a mí y la solté en el tiempo en que me di cuenta de que no era un sueño, realmente eran silene tomentosa. —¿Cómo es posible? —posé mi vista en Amaru y nuevamente fijé mi mirada en todas las flores que se encontraban frente a nosotros. —Una flor que se pensó extinta está ante nuestros ojos, floreciendo y creando un campo de ellas en un lugar en donde no es su hábitat —señaló al momento en que sus ojos buscaron los míos para proseguir a mirarme con vigor. Él espera algo, pero no podía entender qué es. —Crece entre fisuras de rocas y están presente únicamente en el Peñón de Gibraltar, ¿cómo es que ahora están aquí?, ¿cómo lo hiciste? Ni siquiera es su tiempo para florecer —moví la cabeza en una negativa—, esto es imposible. —Imposible para todos los demás, pero posible para nosotros y todo por ti. Para ti. Un pequeño pinchazo me asaltó en el pecho al escucharlo, sentí como mi respiración empezó a hacerse más pesada de lo habitual. Y no es de extrañar, Amaru no es expresivo y en momentos como este mi corazón suele emocionarse cuando sin temor me entrega a mí, cosas que no le ha dado a nadie más. —¿Por mí? —Por ti, para ti, hoy ellas están aquí. Las cultivé. —Oh… Una brisa suave rozó mi rostro, un toque dulce y frío, la cual me incito a apartar la mirada de él y mirar su obra una vez más. Enfoque mi vista al frente y un campo de flores blancas y rosas, cubriéndolo todo, me dio la bienvenida, sin vista del suelo ni las grandes raíces de los árboles, ya que estas flores estaban regadas por todas partes, una muy al lado de la otra. A mi lado izquierdo también era lo mismo, pero… a mi lado derecho se encontraba Amaru con toda su atención en mi persona. Ante mis ojos se veía tranquilo, una tranquilidad que te hace perderte en él y su profunda mirada que ocultaba todo, ¿qué necesitaba?, ¿cómo podría saberlo? Si su rostro aunque me engañe, me muestra que todo está bien, incluso cuando sé que no. Amaru quien se ha abierto conmigo como con nadie más y a pesar de eso, no lo suficiente para permitirme entrometerme. Amaru dio un paso hacia mí, retrocedí. —¿Es amor? —pregunté ofuscada. —Si eso es lo que quieres, puede serlo. —¿Anhelo? —señalé frente a su respuesta. Sin esperarlo nuevamente dio un paso hacia mí y contuve la respiración por unos segundos. Por nuestra cercanía, mis ojos indagadores fueron hacia su cabello; sus labios, los cuales se encontraban entreabiertos, sus manos a cada lado de sus costados y sus ojos… estos me miraban con fijeza y yo me olvidé de cómo respirar por un segundo. —Lo único que puedo garantizarte es qué anhelo abrazarte —murmuró, apenas hablando. Difícilmente pude respirar. —¿Cómo me ves? —susurré sin querer hacerlo, temiendo por la respuesta. —Como me ves tú a mí. Negué con las lágrimas amenazando caer. —No tengo que decirlo, pero no creo que me veas de la misma forma que yo a ti... —arrastré mis palabras con la garganta escociendo—, y al final, somos lo que somos, amigos. Aguante la respiración antes de pronunciar: —Hasta que tú digas lo contrario. —Amigos —respondió. Mis manos tomaron las suyas y las guiaron hacia mí, hacia mi pecho, al primer botón de mi camisa escolar. Amaru respiró hondo antes de sin apartar la mirada, empezar a desabotonar mi camisa con suma lentitud. Una corriente de aire recorrió mi cuerpo al momento en que el último botón fue quitado, así dejando mi sostén junto con mi estómago al descubierto. Retrocedió un paso y me observó. Se acercó nuevamente y colocó una de sus manos detrás de mi cabeza y la otra en mi espalda baja y empezó a tumbarnos de manera lenta, pero precisa hacia el suelo cubierto de silene tomentosa. Yo me encontraba boca arriba y él estaba encima de mí cuando asimile que en serio todo esto está sucediendo. Su cabello lacio, sin forma, caía por su frente y cubría levemente sus ojos, amenazando con rozarme. Sus manos estaban una a cada lado de mi cuerpo y su rostro estaba tan cerca del mío que me parecía irreal. En el momento en que su rostro se aproximó, de inmediato cerré los ojos con fuerza y esperé ansiosa el toque de sus labios. Un ligero gemido salió de mis labios al momento en que sentí su respiración en mi cuello, acto que me produjo un cosquilleo por toda la zona. Su cabello rozando mi piel hizo que me removiera un poco por la extraña sensación y la leve excitación que estaba sintiendo en este momento. Porque… estoy excitada, ¿cierto? Me siento así, de esta forma, sin siquiera haber obtenido un toque de verdad, sin que él me haya tocado aún y no sé qué decir, ni qué pensar. Las palpitaciones de mi irregular respiración eran cada vez más y más intensas. —Amaru —abrí mis ojos, pero los cerré de inmediato al sentir sus labios en mi cuello, cosquillando, besando tímidamente la piel expuesta. Amigos... Me estremecí con cada beso dado, fueron: cortos, secos, inocentes. Un cosquilleo se hizo presente bajo mi estómago, mi respiración era un total caos y sentí que iba a desvanecerme en cualquier momento, pero Amaru se detuvo y se alejó un poco de mí. Aún pude percibir su respiración cerca, la cual estaba igual de tensa que la mía. Todavía me encontraba con los ojos cerrados, ya que no era capaz de mirarlo, pero necesitaba hacerle entender que quería que continuará. Dando una aspiración profunda, impulsé mi cadera hacia arriba para qué encontrará la suya y casi de inmediato volví atrás y sentí mi cara arder. —Y-yo —traté de decir algo, pero no podía hacerlo, puesto que la vergüenza me lo impidió. Sin poder aguantar por más tiempo la pena, decidí levantarme y en ese preciso instante mi cadera rozó con el bulto entre sus piernas. —¡Lo siento! —me apresuré a decir frente a su cara, ya que no pude apartarme, cuando nuestros ojos se cruzaron, sus manos se precipitaron hacia mí. —¿Te encuentras bien? —no obtuve respuesta—, estás más sonrojado de lo normal, ¿no te estará por dar un infarto?, ¿Amaru? —extendí mis manos en su dirección y me topé con su abundante cabello. Enredé mis manos en este y las hice puño, así dejando algunos cabellos encerrados bajo mis palmas. —Quita tu mano o te juro que jalaré. Nada, absolutamente nada fue dicho y me vi en la obligación de cumplir mi amenaza. Tiré de su cabello hacia mí, y un quejido brotó de sus labios. Mis ojos fueron descubiertos y pude verlo, detuve mi acto, pero dejé mis manos intactas en donde estaban. Amaru está totalmente rojo desde su quijada hasta sus orejas, sus labios están entreabiertos y ante mis ojos, justo ahora… parecía un hombre. —No vuelvas a hacer eso —riñe. —¡No lo hice a propósito! —defiendo completamente abochornada—, ¡pero eres lento!, se supone que debes estar besándome, ¿qué esperas?, te alejas así sin más. No me gusta. De manera rápida y sin darle tiempo a reaccionar, lo atraje hacia mí y cerré los ojos rápidamente al momento en que nuestros labios se unieron en un choque un tanto doloroso. Yo lo besé de forma diligente y torpe, mientras a su vez, él intentó seguirme el paso, nos alejamos por falta de aire después de unos minutos y sus labios completamente húmedos me dieron la bienvenida. —Realmente no sé besar —afirmé haciendo una mueca. Lo quité de encima y me senté, Amaru imitó mi acción. Se dispuso a mirar a su alrededor pensativo, mientras yo me di la tarea de buscar con la vista mi mochila, cuando la localicé la tomé entre mis manos y entre tantos cuadernos y libros se me dificulto encontrar un paño que siempre traigo conmigo. Cuando obtuve me acerqué a él y restregué la pequeña tela por sus labios, haciendo que no quedará ningún rastro de saliva en su rostro. —Así está mejor —sonreí, cuando me echó una mirada—. No es agradable tener saliva ajena en tu rostro. Mejoraré, así que estará bien la próxima vez. —No me desagrada —declaró y mi sonrisa se esfumó—. Me gusta. Los latidos de mi corazón se hicieron más rápidos de lo normal. 》… ¿Podríamos hacerlo nuevamente
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