Estaba triste, ansiosa. Los dedos de mis manos se apretaban entre sí, mientras mis dientes me hacían morder mis labios. No veía nada, no había oportunidad de que chantajeara a los guardias. Seguramente ya estaban preparados para la ocasión en que luna les diga alguna orden que no había dicho el alfa. - Luna, ¿qué hace aquí a tan horas de la mañana? - pregunto cuyo chico desconozco su apariencia. - ¡ah, yo... eh!- decidí tragarme la palabra, mierda, sabían que planeaba escapar. Ya estaban listos. - No tiene permitido salir de casa. Es peligroso estar aquí afuera. Luna. - El chico extraño me miró a los ojos de pies a cabeza. Una gran pelota de angustia se hacia regenerar en mi garganta. - La acompaño a su cuarto - El chico hablo suave, pero lo suficiente para alterarme cuando agarro m

