Estaba sentado en mi despacho, mirando los informes sobre lo que causó Oliver cuando atacó a la manada. Los papeles sobre la mesa estaban desordenados, como mi mente. Todo parecía haberse salido de control en un abrir y cerrar de ojos. La última cosa en la que pensaba era en cómo las cosas habían cambiado tan rápido. Quiero dejar todo en orden para cuando mi hija, Paulina, tome el mando de la manada. Para que no tenga que enfrentarse a las mismas complicaciones y desafíos que yo. Pero lo que parecía ser una tarea sencilla se me complicaba cada vez más. Cada día trae algo nuevo, algo inesperado. De repente, la puerta se abrió con brusquedad, y mi beta entró corriendo, haciendo que me sobresaltara del asiento. —¡¿QUÉ MIERDA TE PA-?! —No terminé la frase, pues su expresión era más que sufi

