La música inexistente seguía resonando en mis oídos, pero ya no podía seguir más. Me cansé de tanto bailar, así que, después de un largo rato, decidí dirigirme al baño para darme una ducha relajante. Mi cuerpo comenzaba a sentirse agotado por la energía que había derramado en el baile. Cuando terminé, me metí en la cama, me arropé y cerré los ojos. Necesitaba descansar, aunque sabía que el día no terminaría tan fácilmente. Pasaron varias horas, y todo estaba en silencio. Nadie había entrado en mi cuarto, y me sentía sola, sumida en la quietud de ese extraño lugar. Fue entonces cuando un chillido rompió la calma de la noche, un sonido tan agudo como el de un ratón. Me sobresalté y me levanté de un salto. Mi corazón comenzó a latir más rápido, y la curiosidad me impulsó a seguir ese pequeño

