Me acabo de bañar, y después de unos minutos tratando de calmar mi mente y prepararme para lo que sigue, entro al clóset en busca de algo cómodo para ponerme. Mi cuerpo aún está caliente por el agua tibia, pero mi cabeza sigue sintiéndose fría, llena de pensamientos que no paran de dar vueltas. Elijo un vestido azul que llega hasta la mitad del muslo, con mangas caídas. Es sencillo, nada extravagante, pero lo suficiente para hacerme sentir un poco menos atrapada en este maldito castillo. Mientras me lo pongo, el roce de la tela sobre mi piel me provoca un escalofrío que no tiene nada que ver con la temperatura. No importa lo que haga, me sigo sintiendo vulnerable. Como si en cualquier momento algo malo fuera a ocurrir. Intento ignorar esa sensación, enfocándome en peinarme. Mi cabello to

