Mientras tanto Rosella, iba haciendo los preparativos de la boda que ella pensaba que se merecía, sin embargo, una parte de ella, su conciencia le decía que eso estaba mal. “Él no te quiere, te hará infeliz Rosella”, pero ella no le hacía caso a ese sexto sentido que le avisaba que lo que ocurriría sería el peor error de su vida, sobre todo, porque desde el momento en que Esteban firmó ese contrato, dejó de responder a sus llamadas, ignoró por completo sus intentos desesperados por involucrarlo en los preparativos. La única vez que le respondió, su voz fue cortante, fría, cargada de un desprecio que no se molestaba en ocultar. “Esta boda la quisiste tú” le dijo en una ocasión, con un tono que podría congelar el fuego. “Así que hazlo como te dé la gana. ¡A mí no me jodas!”. Rosella, si

