Esteban quedó impactado por las palabras de Rosella. Admiraba su fuerza y determinación, pero le dolía verla en esa situación. Porque él quería que ella estuviera como la reina que se merecía ser. —Rosella, entiendo tu deseo de independencia, pero no tienes que pasar por esto sola, —dijo con voz suave. —Déjame ayudarte, por favor. No como tu esposo o por ser una Pazzi, sino como el padre de tu hijo. Rosella lo miró con una mezcla de emociones en sus ojos. Por un momento, pareció considerar sus palabras. Pero luego sacudió la cabeza. —Agradezco tu oferta, Esteban, pero no puedo aceptarla, —respondió con firmeza. —He llegado hasta aquí por mis propios medios y así seguiré. Lo que logre voy a hacerlo por mí… no eras eso lo que dijiste en el pasado, que mi única cualidad era ser hija de qui

