Mientras esperaba, intentó hacer que Rosella recobrara el conocimiento, su rostro ahora era una mezcla de preocupación y culpa. —Vamos, mujer, despierta —murmuró, dándole palmaditas en las mejillas. Como no reaccionaba, la cargó y decidió llevarla al área de enfermería de la empresa. Un rato después, Rosella comenzó a parpadear lentamente, su visión borrosa enfocándose en ese lugar desconocido. La luz era brillante, y el aire olía a desinfectante. Se dio cuenta de que estaba en una sala de descanso, recostada en un sofá. A su lado, estaba su jefe, visiblemente preocupado. —¿Qué... qué pasó? —preguntó débilmente su voz, apenas en un susurro. Rosella parpadeó, tratando de enfocar su visión. Se sentía aturdida, como si hubiera estado en un sueño profundo. —Te desmayaste —respondió el h

