En medio de la tensión, los trabajadores de la finca llegaron con dos jeeps. Uno de ellos se acercó rápidamente a Esteban y le ofreció ayuda para llevarlo al hospital. —Señor, debemos llevarlo al médico. Esa pierna podría estar rota —dijo el trabajador con tono preocupado, mirando la sangre que manchaba el pantalón de Esteban. Esteban, aún dolorido, negó con la cabeza, tenso por la situación, pero determinado. —No. No voy a ir a ningún lado —respondió con voz firme—. Llamen a un médico para que venga aquí. No pienso moverme de esta cabaña —dijo, mirando a Rosella de reojo, temiendo que si se iba, ella aprovecharía la oportunidad para desaparecer de su vida y eso no lo quería. No sabía las razones, pero ya no quería alejarla y no deseaba pensar en las razones. —Pero señor, usted neces

