BLAIR La noche se siente más espesa de lo normal, como si la oscuridad misma quisiera tragarme mientras me pego contra el pilar de mármol helado en uno de los pasillos exteriores de la universidad. El silencio es apenas interrumpido por el crujido de los árboles y el murmullo lejano del viento que juega con las hojas secas. Mis pies descalzos sobre el suelo frío me obligan a mantener la respiración, a controlar hasta el mínimo movimiento, porque un descuido, un roce, un sonido mal calculado podría delatarme. —No entiendo qué haces aquí, Rubin —la voz de Adeline atraviesa el aire, afilada, quebrando la quietud de la madrugada. Me inclino un poco más desde mi escondite, buscando una mejor posición para escuchar. La veo, recortada en el tenue resplandor de la luz artificial que apenas alca

