LEVIN Muevo el cuello con estrés, no me puedo quitar de la cabeza el beso que le di a Blair, he besado a millones de chicas, pero con ninguna he sentido esto, esta maldita necesidad de volver a hacerlo, es como si sus labios se hubiesen convertido en mi oxígeno, en una necesidad enferma que roza lo insano, lo sin valor ni moral. Estoy sentado al centro de la mesa más larga, rodeado por los idiotas del equipo de fútbol, que no paran de discutir sobre tácticas, jugadas y quién será el próximo en marcar un gol decisivo. Cassiel, como siempre, está a mi lado. Tiene el ceño fruncido y los codos apoyados sobre la mesa, sosteniendo un vaso de vino como si el líquido dentro pudiera explicarle la vida. Está rabioso, lo siento, no está siendo el mismo de siempre, y eso me pone de nervios, porque

