—Papá ¿cómo es que ya no hay boda? William Hill observaba con frialdad la ciudad desde su oficina en lo alto del rascacielos Hill Couture. Samuel, sentado frente a él con los brazos cruzados, mantenía una expresión impenetrable, pero sus ojos reflejaban un leve atisbo de incredulidad. Sebastian Hill, su padre, caminaba de un lado a otro como un león enjaulado. La última noticia de que los Morgan habían cancelado el compromiso entre Ella y Samuel acababa de caer como una bomba en la familia. —Es un movimiento estúpido de los Morgan, pero nada que no podamos revertir a nuestro favor —sentenció William, girándose lentamente hacia su nieto con una sonrisa cargada de desprecio, pero no hacia él, sino hacia los Morgan—. Ellos tendrán que regresar a nosotros, Samuel. Lo sabes tan bien como yo.

