Había pasado un mes desde que Nina dejó atrás la ciudad, abandonando un pedazo de su vida en las frías calles que ahora apenas podía recordar sin sentir un nudo en el estómago.
El recuerdo de la muerte de su madre y la decisión amarga de vender su cuerpo a un hombre al que apenas conocía, la seguían como una sombra persistente, más que nada… porque todo fue en vano. Se había marchado con la esperanza de enterrar esos recuerdos, de huir de la culpa que la asfixiaba cada vez que pensaba en lo que había hecho para conseguir el dinero para la cirugía. Y sin embargo, lo peor de todo no eran las cosas que había perdido, sino lo que se había llevado consigo, un secreto que la atormentaba cada vez más.
—Voy a morirme. Esto… Esto debe de ser una pesadilla—estaba completamente segura de que Samuel Hill había usado protección, ¡ella misma lo vio!
Miró la prueba de embarazo entre sus manos temblorosas, los dedos crispados sobre el plástico blanco que le devolvía una verdad que no podía aceptar. La segunda línea apareció de nuevo, tan clara y roja que parecía burlarse de ella. Respiró hondo, dejando que el aire entrara y saliera de sus pulmones en un intento desesperado de mantener la calma. No quería tener de nuevo un ataque pánico frente a esa noticia.
Tomó una tercera prueba, la última que le quedaba, y la usó con la esperanza absurda de que esta vez el resultado fuera distinto. Pero no hubo cambios.
Positiva.
—¡No, no, no, no! ¡Esto no me puede estar pasando!
Nina dejó caer la prueba sobre la mesa, y sintió cómo las lágrimas le quemaban los ojos. Se cubrió la boca con una mano, intentando ahogar el sollozo que se le escapaba de la garganta. Su pecho subía y bajaba en un ritmo descontrolado, mientras el peso de la realidad se asentaba sobre sus hombros. ¡Estaba embarazada! Embarazada de un hombre que, después de todo lo sucedido, solo le inspiraba repulsión y un miedo profundo que no sabía cómo enfrentar.
—¿Cómo...? —susurró al vacío de la habitación, su voz quebrada por la angustia—. ¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?
Habían sido dos veces, tal vez tres, y en cada ocasión él se había puesto un preservativo, lo había visto hacerlo. Pero ahora, todos los detalles de esas noches parecían difusos, como si su mente intentara protegerla de revivir lo que había sentido en ese momento. Estaba segura de que él usó protección y a la vez ahora el entraban las dudas. Ya nada era seguro para ella, sobre todo porque las imágenes se mezclaban, eran cosas que ella había preferido olvidar. Y ahí estaba la prueba, la evidencia irrefutable de que algo había salido mal. Por más que quisiera olvidarse de él, Samuel Hill había dejado dentro de ella un recuerdo más que duradero.
Se dejó caer en la cama, con las manos cubriéndose el rostro mientras el llanto la invadía por completo. Todo lo que había intentado dejar atrás, la razón por la que había huido volvía a ella con más fuerza que nunca. Samuel no era solo un error que deseaba borrar de su vida; ahora, era el padre del hijo que llevaba dentro.
Luchando por calmar su respiración, se incorporó y tomó su teléfono móvil. Entre lágrimas, buscó el número que aún tenía de Samuel, el mismo que había usado la noche para llevar a cabo el trato. Sus manos temblaban mientras deslizaba los dedos por la pantalla y marcaba el número. Se llevó el móvil al oído, esperando escuchar ese tono que le confirmara que él seguía allí, que aún podía enfrentarlo y decirle lo que había sucedido.
Pero no había tono.
El teléfono se mantenía en silencio, como si el número ya no existiera o estuviera fuera de servicio.
Volvió a intentarlo una y otra vez, la frustración creciendo en su pecho, pero el resultado siempre era el mismo: nada. Solo el vacío al otro lado de la línea.
—¡Maldita sea! —exclamó, lanzando el teléfono sobre la cama, el sonido del impacto resonando en la habitación vacía.
Se llevó ambas manos al rostro, frotando los ojos hinchados por las lágrimas, mientras la desesperación la envolvía.
El único número de contacto que tenía… no funcionaba, parecía estar fuera de servicio. La sola idea de regresar a la ciudad la aterraba, pero sabía que no tenía elección. Detestaba la idea de volver a verlo, de enfrentarse a la mirada fría y condescendiente de aquel hombre que la había humillado, que la había hecho sentir tan insignificante. Pero ahora todo era distinto. No era solo ella. Había una vida que crecía en su interior, una vida que ella no había planeado, pero que la hacía responsable tanto como a él.
Se abrazó a sí misma, sintiendo cómo el miedo la recorría desde la nuca hasta la punta de los dedos. No sabía qué iba a hacer, ni cómo iba a enfrentar esa situación. Pero no podía quedarse de brazos cruzados. Tenía que encontrarlo, enfrentarlo y hacerle saber que estaba embarazada. Aunque lo odiara por lo que le hizo sentir, aunque deseara no volver a verlo nunca más luego de todo lo ocurrido, Samuel Hill tenía que saber la verdad.
—No es solo mi responsabilidad... —susurró para sí misma, como si al decirlo en voz alta pudiera convencerse de que no estaba sola en esto.
Se levantó de la cama, su respiración volviéndose más firme, y recogió el teléfono del colchón. Tenía que volver cuanto antes, así acababa con todo de una vez, eran más de seis horas en autobús y unas cuatro horas en tren.
A pesar del miedo, a pesar del dolor y la rabia que aún le corroían el alma, no podía evitar su destino. Samuel había sido el origen de toda esa pesadilla, pero también era la única persona que tenía derecho a saber lo que había sucedido, incluso si la odiaba por ello.
—Tengo que ir a la empresa del señor heredero.
[…]
Samuel llegó al restaurante antes de la hora acordada. Tomó asiento en la mesa reservada, una esquina alejada donde la privacidad estaba garantizada. No tuvo que esperar mucho antes de que su abuelo, William Hill, y su abuela, Evelyn, llegaran. Ambos tenían la misma mirada aguda, la que él había aprendido a identificar como un signo de que estaban planeando algo.
—Samuel —saludó su abuelo, tomando asiento frente a él con su usual postura imponente—. Lamento haberte citado tan de prisa, pero hay algo importante de lo que debemos hablar.
Evelyn asintió mientras se acomodaba la bufanda de seda alrededor del cuello, su sonrisa era amable, pero en sus ojos había una intensidad calculada. Samuel conocía esa mirada. Se inclinó ligeramente hacia adelante, mostrando interés, aunque su expresión permaneció fría.
—Adelante, abuelo —respondió Samuel, su tono cortés, pero sin entusiasmo.
—Hemos estado hablando sobre el futuro de Hill Couture —comenzó William, pausando para tomar un sorbo de su whisky—. Tu desempeño en la empresa ha sido impecable hasta ahora, te has acoplado perfectamente y las ideas son tan innovadoras como arriesgadas, de todos modos, sabemos que la respuesta del mercado será favorable y contigo a la cabeza la motivación es aún mayor. Has tomado decisiones difíciles, y la expansión que planeas promete ser un cambio importante para la marca.
Samuel iba haciendo movimientos de cabeza, manteniendo su postura relajada, aunque su mente ya comenzaba a analizar lo que vendría a continuación. Si su abuelo lo había llamado de esa forma, era porque había algo más, algo que iba más allá de una simple charla sobre el negocio. De negocios hablaban en casa, en su despacho, no en un espacio público como si estuvieran disfrutando del momento.
—Estamos orgullosos de tu compromiso, Samuel, sabíamos que esto sería así, has llenado todas nuestras expectativas, como el heredero Hill que eres has estado siempre a la altura—continuó Evelyn, apoyando una mano suave sobre la de su marido—. Pero hay una oportunidad que no podemos dejar pasar, una alianza que podría asegurar nuestro lugar en la cima de la industria.
—Me interesa escucharla —dijo Samuel, sin cambiar su expresión. Sabía que su abuelo no lo llamaría a una reunión de este tipo si no se tratara de algo realmente significativo.
William se inclinó hacia adelante, como si estuviera a punto de revelar un secreto.
—La familia Morgan ha estado buscando un socio estratégico. Morgan Enterprise ha sido uno de nuestros competidores más cercanos en los últimos años, bueno, casi en la última década, realmente han estado a la altura de todo, pero siempre hemos ido a la cabeza; pero su hija, Ella Morgan, tomará las riendas de la empresa dentro de poco. Ella ha mostrado interés en formar una alianza más cercana con nosotros, y su padre está dispuesto a considerar una fusión de intereses, siempre que se realice de la manera tradicional. Los jóvenes están a la cabeza, ella ha sido muy preparada para tomar el control de su empresa y ahora que lo hará se ha propuesto algo que, sinceramente, no podemos rechazar.
—¿Sabes lo que significa? —preguntó su abuela—. Matrimonio de negocios.
Samuel parpadeó una vez, su mente procesando las implicaciones de esas palabras.
Un matrimonio de negocios.
No era la primera vez que escuchaba sobre esos acuerdos, especialmente en un mundo donde las empresas familiares y las fortunas de generaciones se protegían a través de matrimonios arreglados. Pero escuchar que él era el candidato en cuestión le provocó una extraña sensación de desapego, como si el destino de otra persona le hubiera sido entregado de repente.
—Ella Morgan... —repitió Samuel, saboreando el nombre como si fuera una pieza en el tablero de ajedrez—. La heredera de Morgan Enterprise, ¿es eso lo que me estás proponiendo, abuelo? ¿Un matrimonio para consolidar una alianza?
Evelyn esbozó una sonrisa cálida, la misma que usaba cuando quería suavizar un golpe.
La reacción de Samuel no era del todo mala.
—No lo veas como una obligación, querido. Esto podría ser una de las alianzas más poderosas de los últimos años. Juntos, tú y Ella podrían dominar el mercado, posicionar ambas empresas como líderes indiscutibles en la industria de la moda.
William intervino antes de que Samuel pudiera responder.
—Es un matrimonio de conveniencia, lo sé, pero no es algo que deba ser visto con malos ojos. Ella es inteligente, capaz, y está de acuerdo en llevar esto adelante. Cree que ambos pueden trabajar juntos en este objetivo común. Y si aceptas, estarías asegurando no solo tu futuro, sino también el de Hill Couture.
—No estamos mal, ahora mismo estamos a la cabeza—Samuel dejó escapar un suspiro, cruzando una pierna sobre la otra mientras apoyaba un codo en el brazo de la silla. Miró a su abuelo y luego a su abuela, ambos esperando su respuesta con una mezcla de expectativas y orgullo. Pensó en Ella Morgan, una mujer que conocía solo de eventos sociales, siempre elegante, siempre con una sonrisa medida y una mirada astuta. No la conocía realmente, y eso no le importaba—. ¿Es necesario aceptar esta oferta? — Nunca había esperado casarse por amor, y la idea de un matrimonio de negocios no le causaba ningún conflicto. No es que tuviera intención de oponerse, pero quería saber si realmente era necesario.
—Lo es. Es completamente necesario.
Samuel no se lo pensó mucho más.
—Acepto —dijo, su voz firme y sin titubeos. La decisión había sido fácil, incluso lógica—. Si es por el bien de la empresa y de la familia, no tengo problema en casarme con Ella Morgan. No espero amar a nadie, así que, en ese sentido, da igual con quién me case.
William sonrió con una satisfacción visible, asintiendo con la cabeza.
—Sabía que tomarías la decisión correcta, Samuel. Has demostrado ser el hombre adecuado para llevar el nombre de nuestra familia y la empresa al siguiente nivel. Organizaré una reunión para que se vean. Ella también está de acuerdo, así que no habrá sorpresas.
—Y nietos, deseamos muchos nietos, igual que sus padres—Evelyn extendió una mano hacia Samuel, apretando la suya con cariño—. No quiero que compartas la cima con ella, lo que espero es que la hagas a un lado desde que puedas, fusionando ambas empresas y haciéndote con ella.
—Bien, es… es una meta bastante clara. Hijos, unión de las empresas y tomar el control de ambas—dijo Samuel, entendiéndolo todo.
—Tu abuelo y yo estamos muy orgullosos de ti, Samuel. Esto será un paso importante para todos nosotros.
En su mente, ya planeaba los próximos pasos, considerando la mejor manera de gestionar el acuerdo con la familia Morgan y lo que significaría para la expansión de Hill Couture. Todo parecía encajar, como un engranaje que giraba con precisión. Sin embargo, cuando el peso de la decisión se asentó en su pecho, un pensamiento inesperado cruzó su mente.
Por una fracción de segundo, la imagen de Nina Blake apareció en su mente, como un recuerdo indeseado que se negaba a desaparecer.
Tendida en la cama, sus manos aferradas a la sábana como si eso pudiera librarla del deseo que él tenía hacia ella. Pero el pensamiento cambió drásticamente, dejándolo frío, luego de calentarlo. La recordó llena de rabia, sus palabras cargadas de desprecio, diciéndole que era un cerdo, que lo odiaba, que nunca había sentido tanto asco como estando con él. Su ceño se arrugó levemente, la molestia surgiendo de forma involuntaria.
"¿Por qué diablos estoy pensando en ella ahora?", se dijo a sí mismo, sintiendo un atisbo de desagrado en su pecho. Ella no tenía nada que ver con su vida ahora. Era solo una sombra del pasado, un error que había dejado atrás y que no debía afectar su futuro.
Estaría compartiendo camas con otros hombres.
Se obligó a volver al presente, a la realidad de los negocios, mientras su abuelo y su abuela lo miraban llenos de orgullo y expectativa.
La alianza con Ella Morgan era lo único que importaba ahora.
Samuel se levantó de la mesa, dispuesto a seguir adelante con su papel como el heredero que haría lo necesario por su empresa, incluso si eso significaba casarse con una desconocida por el bien de un futuro que todos esperaban de él.
—Sam—le llamó su abuelo, dejando que la señora Hill fuera primero hacia la puerta—. Esto es importante y si has aceptado es para cumplir con tu papel. Los Morgan son algo exigente y no toleran los escándalos. Una vez que seas su esposo, no te podrás salir de ese papel. Nada de infidelidades, prostitutas o creer que el matrimonio es un juego. —¿Prostitutas? Aquello lo tomó por sorpresa—. El matrimonio no es un juego, incluso si se da por medio de alianzas como estas. ¿Lo entiendes?
—Lo entiendo—dijo—. Soy un hombre responsable y comprometido, abuelo. No es un juego para mí.
—Ella Morgan es la indicada para pertenecer a la familia Hill. Nadie más podría estar a la altura, no hay otra mujer como ella, digna de ser tu esposa. Sé que eres más inteligente que tu padre, ¿no?
—Lo soy, abuelo.
Le dio un abrazo a su nieto antes de ir con su esposa.
Samuel se podía sacrificar por la empresa, aquello no le costaba nada. Pero, al quedarse solo, empezó a sentir una pequeña angustia en su pecho mientras pensaba en un matrimonio, ser un hombre casado, tener hijos, su propia familia.
Casarse con aquella mujer… Ella Morgan.
La unión de dos herederos y dos de las más importantes empresas de la moda, podría ser el matrimonio más esperado y poderoso.