Nina bajó del taxi con pasos lentos, ajustando su abrigo alrededor de su cuerpo para protegerse del aire frío que soplaba en la tarde. Apenas cerró la puerta y el coche arrancó, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. El cementerio se extendía ante ella, un lugar silencioso y solemne donde cada paso parecía pesar más que el anterior. —Hola, mamá— dijo para sí misma mientras avanzaba, su mirada fija en el camino empedrado que la llevaba a la tumba de su madre—. Hoy vengo a verte… y traigo compañía. A medida que caminaba, los recuerdos la invadían. Su infancia feliz junto a su madre, sus risas en la cocina mientras cocinaban juntas, las tardes en el parque… y luego, esos últimos meses de su vida, cuando todo se volvió gris. El diagnóstico, la lucha por el dinero, las largas no

